QUETZALI CÁRDENAS

Nacida con una condición congénita que afecta la forma y la función de su mano derecha, Ana María Robles Ríos podría haberse dejado vencer por las limitaciones físicas. Sin embargo, desde muy joven, encontró en la música una forma de expresión y liberación que la llevó a perseguir su sueño de convertirse en pianista.
A los 11 años se sintió atraída por el sonido del piano que su madre tocaba. Nació hace 23 años en un hogar acompañado de guitarra y piano. Inició su trayectoria musical cuando su madre estaba embarazada de su tercer hermano, esto le impidió continuar tocando durante un tiempo, Ana tuvo que ser instruida por su padre y comenzó a acompañarlo en el coro de la Iglesia.
Motivada por la música, a los 16 años compuso su primera canción titulada “Lo que no fue”, años después, a consecuencia del fallecimiento de una tía, escribió su segunda canción “Hasta el amanecer” donde describe el duelo que existe cuando parte alguien que amas.
Ana siempre tuvo un sueño y motivación, dedicar su vida a la música. Al cumplir la mayoría de edad se postuló en una universidad de música en Guadalajara, realizó las pruebas correspondientes para poder ingresar, sin embargo, en el último filtro tuvo una entrevista con un maestro que le negó la admisión por su condición física.
Me vieron tocar y me dijeron, “¿sabes qué? por tu condición, no podemos aceptar que estés aquí. Puedes estudiar otro instrumento, pero piano no, puedes estudiar canto. Cuando me dijo eso, mi mente no entendía por qué, jamás había recibido un rechazo tan directo o una discriminación”.
Ana nació con agenesia en su mano derecha. Una condición congénita que genera alteración física que se produce en algún momento previo al nacimiento. En estos casos los bebés presentan alguna malformación en una extremidad. Al ser rechazada, decidió prepararse un año más para intentar ingresar de nuevo. No fue una tarea fácil, ella trabajaba largas jornadas en una farmacia y en sus tiempos libres se preparaba.
Un año después, con la esperanza de ser admitida se presentó con la coordinadora de la carrera, quien una vez más le negó los estudios por su condición. “ Nosotros no fuimos preparados para impartir clases a personas como tú” fue la respuesta que recibió.

“SI USTED QUIERE ESTUDIAR AQUÍ, USTED TIENE QUE SER LA MEJOR”
Ana tocó una puerta más en búsqueda de una oportunidad en la Escuela Superior Diocesana de Música Sagrada de Guadalajara, ahí el maestro Madrigal la admitió con la condición de ser la mejor alumna. Era tanto el anhelo de Ana por estudiar piano que aún con miedo, aceptó y desde hace cinco años lo hace en esta institución.
Ana no conoce las limitaciones, participó en la banda de guerra de su primaria amarrando una baqueta a su mano, fue parte de la escolta en la secundaria, pensando siempre: “las limitaciones solo están en la mente”. “Yo siempre he dicho que Dios me mandó así por algo, porque no siento que sea casualidad. Tampoco ha sido una inseguridad, no me siento mal porque puedo hacer todo, obviamente hay cosas que me limitan más, como el piano, pero no por eso cambiaría. Mi testimonio puede servir para mucha gente que está en mi situación y que ellos solitos cierran su mente de cosas, yo pienso “tengo mis limitaciones”, pero ¿qué puedo hacer con ellas?
LA MÚSICA ES TODO
Actualmente es maestra de piano en la escuela “Ad-Libitum”, estudia ópera en la escuela de música Sacra, continúa sus clases de piano y ha incursionado en lecciones para tocar el órgano. A lo largo de su carrera, Ana encontró nuevas formas de tocar el piano, superando los obstáculos que su condición le presenta, pero su dedicación y amor por la música han sido su mayor fuente de inspiración y motivación.
“Creo que cantarle a Dios ha sido una de las experiencias más bonitas, porque hay veces que siento que Dios me presenta cuando estoy cantando. Porque se siente mucha paz y mucho amor”
