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El martirio incruento del Arzobispo Orozco y Jiménez

por Gabriela Ceja Ramirez
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Misa por el 90 Aniversario por el fallecimiento del Arzobispo Orozco y Jiménez en la Catedral Metropolitana.

Pbro. José Antonio Larios Suárez / Sección Diocesana de Educación y Cultura.

Don Francisco Orozco y Jiménez, llegó a nuestra Arquidiócesis de Guadalajara el 13 de febrero de 1913, justo el día en que fue ejecutado Francisco I. Madero, acontecimiento que originó la llamada “decena trágica”; la situación política era muy complicada, entre 1911 y 1920 México tuvo ocho presidentes, esta anarquía prevaleció prácticamente hasta 1935.

En esta revolución caudillista hubo un choque de facciones: carrancistas, villistas y zapatistas no se ponen de acuerdo; mientras esto sucedía, las tropas carrancistas tomaron la ciudad de Guadalajara, Venustiano Carranza no se hizo presente, pero sí el general carrancista Álvaro Obregón, el cual manda apresar sacerdotes para pedir una fianza y ponerlos en libertad. Una buena cantidad de clérigos fueron llevados a la cárcel de Escobedo (actualmente el Parque Rojo).

Las tropas carrancistas ocuparon muchos templos de Guadalajara, la Catedral misma fue sometida a un penoso saqueo y usada de campamento, la Virgen de Zapopan que estaba de visita en él recinto fue tomada por una joven y sacada por espaldas de la Catedral para resguardarla, de inmediato ella la entregó al clero.

El Señor Orozco publicó un manifiesto denunciando este acto vandálico de la revolución caudillista.

UN DIFÍCIL MINISTERIO

Con este telón de entrada inicia su difícil ministerio que no conocerá prácticamente la tranquilidad, salvo ligeros respiros de relativa paz, al grado de vivir cinco destierros por parte del gobierno.

El último no fue destierro como tal por la persecución, sino para poner a salvo su vida, fue Jesús González Gallo, secretario de gobierno, quien al sopesar el riesgo que corría la vida de Don Orozco, le pide al hermano del Arzobispo que se lo lleve a Estados Unidos; esta quinta salida de su Diócesis sucedió después de los “arreglos” entre la Iglesia y el Estado, una vez calmado un poco el duro periodo de la persecución, su regreso a México fue prácticamente para morir.

En los inicios del conflicto religioso, apoyó sobremanera la lucha de resistencia pacífica liderada por Anacleto González Flores, la cual iba siendo todo un éxito, al grado que, en 1919, el congreso de Jalisco dio marcha atrás a los artículos persecutorios, de tal manera que no tenían aplicación en nuestro Estado.

CORONACIÓN PONTIFICIA DE LA VIRGEN DE ZAPOPAN

Para celebrar este gran triunfo, Don Orozco y Jiménez, agilizó todos los trámites de la coronación pontificia de la Virgen de Zapopan, misma que por más de tres décadas fue impedida y sofocada por el mismo Arzobispo Pedro Loza.

Don Francisco Orozco, con sus recursos personales regaló a la Virgen de Zapopan para su coronación una peana de plata de 55 kilos, donde hasta la fecha descansa la imagen.

Así, el 18 de enero de 1921, fue coronada la Imagen de la Virgen por manos de este gran Arzobispo; su coronación, de ninguna manera fue un acto de provocación al gobierno, en realidad el triunfo ya se había dado en 1919, la coronación fue la expresión de gratitud máxima a la Virgen, ya que Anacleto González Flores había realizado innumerables peregrinaciones al Santuario de Zapopan, secundado por cientos de fieles pidiendo la intercesión de la Virgen en la lucha de la resistencia pacífica.

FORTALECER EL CLERO Y A LOS FIELES

Aunque hubo un gran triunfo en la lucha por la libertad religiosa, don Orozco no era ingenuo y preveía que más adelante, la persecución arreciaría, así que buscó en la coronación el fortalecimiento de su clero y de sus fieles, que años después entregarían la vida. Los mártires del occidente de México antes de su martirio, fueron testigos de la corona que se ofrendaba a la Madre de Dios, y a sus pies fueron fortalecidos para entregar su vida por la causa de Cristo.

Don Orozco, muchas veces ante el Episcopado Mexicano aconsejó que no se suspendiera el culto público, que una lucha pacífica inteligente ayudaría a superar esta prueba, o al menos que el culto fuera suspendido sólo en las regiones donde no se viera alternativa, sin embargo, el episcopado optó por la decisión uniformante del cese de los cultos, la reacción de la población no se hizo esperar y se desató la lucha sangrienta.

Don Francisco Orozco y Anacleto González, con enorme tristeza contemplaban como clérigos y files optaban por las armas, de 1926 a 1929 se suspendieron los cultos y el señor Orozco sufrió sus cuatro destierros, desde ese contexto siguió atendiendo y gobernando su Diócesis, disfrazado muchas veces seguía en contacto con su clero y fieles.

Una vez que se dieron los “arreglos informales” entre la Iglesia y el Estado, los mismos Obispos informaron a don Orozco, que para que el gobierno no aplicara con rudeza los artículos persecutorios a la Iglesia, el precio era, que él públicamente no celebrara ni pastoreara su comunidad; lleno de tristeza, él se retiró para el mayor bien posible de la Iglesia en México, volvió prácticamente para su muerte.

UN ANIVERSARIO MAS DE LA CORONACIÓN DE LA VIRGEN

El 18 de enero de 1936, se celebró con gran solemnidad el décimo quinto aniversario de la coronación pontificia de la Virgen, él no presidió la Eucaristía, pero se integró a la solmene procesión con la bendita Imagen en el atrio de la Basílica, pidió portar en sus manos la taumaturga imagen y con ella, bendijo por última vez a su Diócesis.

Un mes más tarde, don Francisco agravado en su salud pidió le llevaran a su casa la imagen de la Virgen de Zapopan; el 17 de febrero le fue llevada, ante ella oró y lloró de emoción y, un día después el 18 de febrero de 1936 entregó su alma al Creador, la persecución prácticamente había cesado, el fruto maduro de este incruento mártir comenzaba a hacerse notorio.

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