Inicio Cultura y FormaciónEl mayor anhelo del Padre es celebrarla fiesta de la Vida con sus hijos

El mayor anhelo del Padre es celebrarla fiesta de la Vida con sus hijos

por Michelle Fletes Rubio
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Nuestra Madre Iglesia ofrece hoy, en el Cuarto Domingo de Cuaresma, la parábola más hermosa del Señor Jesús, para prepararnos “con generosa entrega y fe viva a celebrar las próximas fiestas de la Pascua” (Oración Colecta). El texto es conocido como la “Parábola del hijo pródigo”, aunque debiera denominarse la “Parábola del buen Padre”, porque nos revela y, de modo entrañable, único e inefable, el mismísimo corazón de Dios, cuyo mayor anhelo es celebrar la fiesta de la Vida con sus hijos (Lc 15, 1-3. 11-32).
JESÚS LES MUEVE EL TAPETE, MOTIVÁNDOLOS A PENSAR
El marco literario de la parábola es muy importante para su adecuada comprensión (vv. 1-3). En él se muestra a dos grupos de personas diferentes que se acercan a Jesús. Unos para escucharlo (véase v.
1); otros, en cambio, murmuraban de Él, diciendo: “Éste recibe a los pecadores y come con ellos” (v.
2). Jesús respondió con una parábola, que solía ser el medio respetuoso con el cual se defendía ante el ataque de sus adversarios, moviéndoles el tapete, exhortándolos a pensar:

“Jesús les dijo entonces está parábola” (v. 3)

LA FIGURA PRINCIPAL DE LA PARÁBOLA ES EL PADRE
La parábola se divide en dos partes: la primera habla del hijo joven perdido (vv. 11-24); y, la segunda, del responsable hijo mayor (vv. 25-32). En ambas, la figura principal es el “Padre”, como en las parábolas previas lo son “el pastor” (compárense vv. 4-7), y “el ama de casa” (compárense vv. 8-10). Los dos hijos aparecen para esclarecer la actitud de su Padre, quien se constituye en el personaje central, al grado que la palabra “Padre” la encontramos doce veces en la parábola.
¡DIVINA HUMILDAD!
La descripción de la parábola rompe la imagen habitual del Padre. No hacen acto de presencia ninguna clase de discursos moralizantes, su corazón rebosa de misericordia. Por ello no duda en correr, abrazarlo y besarlo, los cuales son signos de restauración y de perdón (véase v. 20). La actitud del Padre es invariable para con sus dos hijos, pues de igual modo que con el menor, que se había portado de lo peor, a quien estaba esperándolo, lo recibe con gran fiesta, otorgándole su perdón; así también con el hijo mayor renuente a participar del encuentro, su Padre le suplica que se digne hacerlo:

“El hermano mayor se enojó y no quería entrar. Salió entonces el padre y le rogaba que entrara” (v. 28).

El Padre salió dos veces de su casa, al menor lo estaba esperando y, también, fue al encuentro del mayor, a quien: le rogaba [en griego está en modo imperfecto, que significa hacerlo reiteradamente] que participara de la fiesta: ¡Divina humildad! Muy apreciables lectores, para actualizar el Evangelio del día de hoy, los invito a contemplar al Señor Jesús, quien contaría su parábola más hermosa, a partir de su experiencia personalísima de cercanía con Dios. Esto en el horizonte de que el Señor Jesús no es exégeta de la ley, sino exégeta del Padre, y se expresa en lenguaje poético, porque la realidad le habla de Dios y Dios ilumina la realidad. Lo que caracteriza el proceder del Padre, conforme a lo revelado por el Señor Jesús es su perdón incondicional, siendo su mayor anhelo celebrar la fiesta de la Vida con sus hijos, como aparece en las palabras que le dice al hijo mayor, conclusivas de la parábola:

“Pero era necesario hacer fiesta y regocijarnos, porque este hermano tuyo estaba muerto y ha vuelto a la vida, estaba perdido y lo hemos encontrado” (v. 32)

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