Inicio Prensa ArzobispadoLa Palabra del PastorEl motivo de nuestra alegría es Jesús que nace

El motivo de nuestra alegría es Jesús que nace

por Michelle Fletes Rubio
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Hermanas y hermanos en el Señor:

Jesucristo viene a salvarnos, gracia que se nos ofrece en esta Navidad, por lo que debemos estar seguros del amor de Dios más allá de nuestra maldad y de nuestro pecado.
Uno de los personajes que provocaba la alegría porque llegaba Jesús, era Juan el Bautista. A él le llenaba de gozo y de gloria la llegada del Mesías, y le interesaba que todos lo reconocieran, lo aceptaran y vivieran la salvación que Él ofrece.
Por eso nosotros, ante la cercanía de la Navidad, somos invitados a alegrarnos, porque de alguna manera podemos estar ciegos, sordos, mudos o leprosos, y nos invade el mal que nos impide estar en paz y felices. De muchas maneras necesitamos la salvación que Cristo nos trae.

¿Qué tenemos que hacer para prepararnos a la llegada del Señor en esta Navidad? Trabajar con esfuerzo, con perseverancia, pero sobre todo, practicando la paciencia.

Así como el campesino, que no puede acelerar los tiempos, no puede obligar a la naturaleza a que dé la lluvia, a que dé el sol. El campesino trabaja y tiene paciencia de que su trabajo da fruto.
Esto es lo que nosotros debemos fomentar ante la cercanía de la venida del Señor, trabajar nuestra vida cristiana con paciencia, con perseverancia y con la certeza de que, si el Señor nos encuentra trabajando en nuestra salvación, Él nos va a cuidar, Él nos va a rescatar del mal, Él nos va a devolver la vida, su misma vida en nosotros. A eso viene el Señor.
Por todo esto, la Iglesia nos invita a que estemos alegres, no por nosotros, no por las fiestas que organizamos, no por los regalos que damos o que nos dan, no por las cenas o banquetes que ofrecemos o a los que nos invitan. Sí, esa es una alegría humana y válida, pero los que creemos en Cristo debemos de fomentar una alegría, un gozo verdaderamente espiritual y profundo, convencidos el amor de Dios.

El motivo de nuestra alegría es que Dios Padre nos regala a su propio y único hijo Jesucristo, para que haciéndose uno de nosotros y conviviendo con nosotros, nos haga partícipes de su misma vida.
Éste es el motivo de nuestra alegría, que no somos ajenos, no somos indiferentes para Dios. Él nos tiene presentes y nos regala a su único Hijo para que lo tengamos en nuestra vida y salvación.

Mientras experimentamos nuestra vida en Cristo, trabajemos pacientemente en la superación de nuestras faltas y defectos. Trabajemos el servicio y la caridad a nuestros hermanos, especialmente a los más necesitados.
Mientras el Señor llega, trabajemos por construir relaciones de paz, de fraterna convivencia, de armonía, superemos todos aquellos motivos que nos dividen o que nos contraponen unos a otros.

Mientras el Señor llega, edifiquemos relaciones de paz y de fraternidad.

También trabajemos en cuidar la casa que Dios nos ha dado, el mundo, el medio ambiente en el que vivimos. Estemos alertas, trabajando con paciencia y con la certeza de que Dios nos ama y viene a salvarnos. Celebremos el encuentro con el Señor en el gozo de nuestra fe y de nuestra esperanza.

Yo les bendigo en el Nombre del Padre, y del Hijo y del Espíritu Santo.

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