ALFREDO ARNOLD

Hace un par de semanas se realizó en República Dominicana la Asamblea General 81 de la Sociedad Interamericana de Prensa, la SIP, que con más de ocho décadas de existencia es la agrupación periodística más grande del continente americano.
Además de los mensajes, conferencias, denuncias y premiaciones que se llevaron a cabo, destacó el anuncio de quién sería -ya lo es- el nuevo presidente de la asociación: el estadounidense Pierre Manigault, quien ya había ocupado ese cargo hace diez años.
Usted podrá decir, con toda razón: “Y a mí qué me importan esas reuniones de periodistas”. Sin embargo, creo que la situación actual y el futuro del periodismo es un asunto no sólo importante, sino determinante para todos los individuos y para las sociedades democráticas del planeta entero.
Pierre Manigault es presidente del grupo Evening Post Publishing Company, con sede en Charleston, Carolina del Norte. Una pequeña ciudad, pero con una gran historia, en la costa este de Estados Unidos. Es heredero de una familia ligada al periodismo durante más de dos siglos. De hecho, sus ancestros publicaron uno de los periódicos más antiguos en la historia de los Estados Unidos, allá a inicios de 1800.
Manigault no estuvo presente en la Asamblea, pero desde sus oficinas dio un mensaje muy importante, en el que denunció que está proliferando en América “un ataque sin precedentes contra la Libertad de Prensa”, incluso en Estados Unidos.
Denunció que “por primera vez en la historia moderna de Estados Unidos, la Libertad de Prensa está siendo atacada desde los más altos niveles del gobierno” y que “el próximo año será desafiante, trascendental y posiblemente transformador”
Algunos de los diarios norteamericanos más importantes han tenido que lidiar recientemente con las demandas interpuestas por el actual gobierno. Manigault mencionó “acuerdos extrajudiciales multimillonarios con CBS/Paramount y ABC/Disney; una demanda por difamación de 15 mil millones de dólares contra The New York Times, y otra de 10 mil millones presentada contra The Wall Street Journal”.
En México no hemos llegado a tales extremos, pero frecuentemente se levantan voces gubernamentales contra la información que publican los principales periódicos capitalinos. En otros países de América crece la persecución, incluso física contra periodistas, así como las descalificaciones por parte de los mandatarios.
El mundo está cambiando muy rápido y no sólo en periodismo. Lo vemos en la relación comercial México- Estados Unidos-Canadá y en otros aspectos de la vida.
¿Qué podemos hacer los ciudadanos comunes y corrientes?… Los jóvenes, adaptarse y estudiar; los adultos, a trabajar por la familia, y los viejos, bueno, a los viejos que Dios nos agarre confesados.
Recomponer el periodismo, el tradicional y el que se ejerce a través de las redes sociales, es una tarea que incumbe a todos, incluso a quienes ejercen actualmente el poder, porque ellos mismos podrían ser víctimas de la descomposición informativa.
En otro tema, pero también relacionado con el periodismo, el Papa León XIV recibió recientemente a cientos de trabajadores de agencias publicitarias, a quienes les recordó que “la información es un bien público” que hay que proteger.
Mencionó a los periodistas caídos en las guerras de Europa Oriental, a los perseguidos y a los encarcelados; “ser periodista nunca puede considerarse un delito, sino un derecho que hay que proteger”.
Su Santidad instó a los asistentes a seguir promoviendo una “información libre, rigurosa y objetiva”, a formar conciencias y un pensamiento crítico, especialmente en una época de “información basura” y en la era digital en la que a menudo se confunde lo falso con lo verdadero y “lo auténtico con lo que es artificial”.
La Asamblea de la SIP y la audiencia papal a periodistas, nos permiten visualizar con cierto optimismo el resurgimiento de la actividad informativa profesional a pesar de los graves problema que afronta actualmente.
El autor es LAE, diplomado en Filosofía y periodista de larga experiencia. Es académico de la Universidad Autónoma de Guadalajara.
