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El regalo de la escucha

por Quetzali Hernández
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Desde el Corazón

QUERIDA, LUPITA:
Mi esposo y yo nos hemos enfrascado en una relación de gritos y peleas constantes. Él está enojado todo el tiempo y yo ya estoy cansada. Quiero aclarar las cosas y sale peor. Pienso que estaríamos mejor si nos separamos, ya que nuestros gritos son escuchados diariamente por nuestros hijos y les estamos afectando.
Margarita V.

HERMANA MÍA, MAGGIE:
Una relación plagada de gritos y descalificaciones predice una ruptura dolorosa. La solución pasa por acabar con dicho maltrato, no por acabar con la relación.

Para resolver se necesitan dos pasos previos e irrenunciables: humildad y reconocimiento del bien que podemos hacer en primera persona.

Por la humildad dejamos de exigir al otro el cambio y nos determinamos a cambiar nosotros mismos. Por el reconocimiento de nuestras capacidades, nos dirigimos a la solución dando el primer paso.

Nuestros gritos son bofetadas que lanzamos al otro y como defensa, recibimos agresión también. El otro solo cambiará su respuesta cuando le demos caricias. La primera de ellas: la escucha. Es una actitud difícil pues requiere de dominio propio, de nuestra capacidad para dar atención y comprensión. Requiere de hacer un esfuerzo para captar el mensaje del otro. Esto es una verdadera caricia emocional que hace falta en todo hogar, en todo matrimonio.

Algunas estrategias para controlar
el enojo propio ante una discusión acalorada son:

  • Tranquilizarse, orar, escuchar con atención.
  • Poner verdadero interés, mostrarlo con movimientos de afirmación con la cabeza, mantener un tono de voz sereno, tranquilo.
  • Si el otro nos quita el habla, darle su espacio considerando que tal vez no sabe gestionar lo que siente y que el tiempo le ayudará a reflexionar
  • Llegar a acuerdos en los que ceder no signifique perder: “no me gustó lo que hiciste, pero tú me importas mucho más que lo que hiciste”. Eres claro y objetivo en lo que pides, pero también afirmas que le amas. “Quiero estar bien contigo”.

Nos comunicamos con palabras y con actos. Regala escucha sincera y no necesitarás hacer aclaraciones tortuosas e innecesarias que a veces te llevan a otros temas de conflicto. Acaricia al otro con tu mirada, con tu escucha y tus palabras, con gestos de cercanía como un beso, un abrazo, un “te quiero”.

Dice un refrán: Quien no te quiere oír no te escuchará, aunque grites, quien te quiere entender, te entiende incluso si no hablas.


Lupita Venegas/Psicóloga
Facebook: lupitavenegasoficial

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