Hermanas y hermanos en el Señor:
Hemos llegado al final del año litúrgico con la fiesta de Cristo Rey del Universo.
La Palabra de Dios nos ha hablado del final de los tiempos, con un estilo apocalíptico, que algunos lo identifican con un lenguaje pesimista, catastrófico, que nos llena de temores y angustias, pero no es así.
Este estilo teológico literario se propone hacer crecer nuestra esperanza, y afianzar la confianza en Dios, por encima de todos los poderes y de todas las circunstancias.
Imaginemos, por ejemplo, que quien quiere resaltar la luz al pintar un cuadro, necesita que haya oscuridad a su alrededor, para que brille la luz.
En esta vida, lejos de hacer el mal, vivamos en la confianza y en el temor del Señor, observando su Palabra y sus leyes, y si vivimos así, en el día último brillarán la justicia, el amor y el perdón de Dios su arquitectura, su solidez y belleza, dijo: “Días vendrán en que no quedará piedra sobre piedra de lo que están admirando. Todo será destruido”.
Los que lo escuchaban lo cuestionaban porque decían que cómo se atrevía Jesús a cuestionar el lugar que consideraban como el más sagrado. Lo que el Señor quería decir es que no basta tener una construcción sólida material para asegurar y acrecentar nuestra confianza en Dios.
Una cosa es poner la confianza en lo material, en las tradiciones, en el culto, y otra cosa es poner la confianza en Dios.
Tener un templo hermoso no nos asegura que estamos en comunión con Él, no nos asegura que nuestra fe está centrada en el Creador, sino que más bien pensamos que nuestra fe está fortalecida por una construcción.
Jesús nos invita, al señalar que ese templo será destruido, como toda obra material puede terminar, que nuestra confianza, mientras dure nuestra peregrinación por este mundo, esté puesta en Dios, no en cosas pasajeras. Ésta no se puede acabar.
Las cosas materiales serán destruidas, serán acabadas, no tendrán ya valor, pero la confianza en el Señor siempre nos dará paz y nos dará seguridad.
Además, da señales de guerras, destrucción, epidemias, terremotos, lo cual no es para infundirnos miedo, sino para decirnos que, por encima de todas esas cosas -fenómenos naturales-, está la certeza de la cercanía de Dios.
La invitación es a que nos preguntemos en dónde tenemos puesta nuestra confianza y nuestra esperanza. Pensamos en el final de los tiempos, pero mejor pensemos en el final de nuestra existencia personal, y ratificar nuestra confianza y nuestra esperanza en el Señor.
También anuncia persecuciones, acusaciones, falsos, etc., contra los que confiesen el nombre de Jesucristo. Por creer en Él
nos pueden pasar muchas cosas dolorosas, pero también nos dice que no tenemos que preparar de antemano nuestra defensa, sino que el mismo Jesús nos dará palabras para responder satisfactoriamente. No estamos abandonados por Él, nos acompaña.
Ante la incertidumbre del fin de nuestra vida y ante la incertidumbre de lo que nos puede pasar por anunciar el Evangelio, hay que pedir fe y confianza, asegurándonos en el Señor, y trabajar, trabajar haciendo el bien.
Yo les bendigo en el Nombre del Padre, y del Hijo y del Espíritu Santo.
