Alfredo Arnold
El gran día para los cristianos es el Domingo de Resurrección, la fecha marca un antes y un después en la historia de la humanidad. Jesús es primicia de la vida eterna a la que estamos llamados.
A lo largo de la historia, el hombre se ha angustiado ante la muerte, pero aún más ante la trascendencia existencial, su destino final. ¿Todo termina al morir?
La duda y la tentación asaltan y, a veces, casi doblegan a la fe. Somos débiles.
La respuesta definitiva la da Jesús con su Resurrección. Sí hay vida eterna, la angustiosa duda queda despejada y así lo confesamos en el Credo: “Al tercer día resucitó de entre los muertos”.
La Resurrección confirma la divinidad de Jesucristo; es principio y fuente de nuestra resurrección futura.
El texto que va a continuación ha sido tomado de una parte del Catecismo de la Iglesia Católica (las comillas son citas de los Evangelios):
ACONTECIMIENTO HISTÓRICO
El misterio de la Resurrección de Cristo es un acontecimiento real que tuvo manifestaciones históricamente comprobadas como lo atestigua el Nuevo Testamento. Ya san Pablo, hacia el año 56, puede escribir a los Corintios: “Porque os transmití, en primer lugar, lo que a mi vez recibí: que Cristo murió por nuestros pecados, según las Escrituras; que fue sepultado y que resucitó al tercer día, según las Escrituras; que se apareció a Cefas y luego a los Doce”.
EL SEPULCRO VACÍO
“¿Por qué buscar entre los muertos al que vive? No está aquí, ha resucitado”. En el marco de los acontecimientos de Pascua, el primer elemento que se encuentra es el sepulcro vacío. No es en sí una prueba directa. La ausencia del cuerpo de Cristo en el sepulcro podría explicarse de otro modo. A pesar de eso, el sepulcro vacío ha constituido para todos, un signo esencial. Su descubrimiento por los discípulos fue el primer paso para el reconocimiento del hecho de la Resurrección. Es el caso, en primer lugar, de las santas mujeres, después de Pedro, “El discípulo que Jesús amaba” afirma que, al entrar en el sepulcro vacío y al descubrir las vendas en el suelo “vio y creyó”. Eso supone que constató, en el estado del sepulcro vacío, que la ausencia del cuerpo de Jesús no había podido ser obra humana y que Jesús no había vuelto simplemente a una vida terrenal como había sido el caso de Lázaro.
LAS APARICIONES DEL RESUCITADO
María Magdalena y las santas mujeres, que iban a embalsamar el cuerpo de Jesús enterrado a prisa en la tarde del Viernes Santo por la llegada del sábado, fueron las primeras en encontrar al Resucitado. Así las mujeres fueron las primeras mensajeras de la Resurrección de Cristo para los propios Apóstoles. Jesús se apareció en seguida a ellos, primero a Pedro, después a los Doce. Pedro, llamado a confirmar en la fe a sus hermanos, ve por tanto al Resucitado antes que los demás y sobre su testimonio la comunidad exclama: “¡Es verdad! ¡El Señor ha resucitado y se ha aparecido a Simón!”
Todo lo que sucedió en estas jornadas pascuales compromete a cada uno de los Apóstoles —y a Pedro en particular— en la construcción de la era nueva que comenzó en la mañana de Pascua.
Como testigos del Resucitado, los Apóstoles son las piedras de fundación de su Iglesia. La fe de la primera comunidad de creyentes se funda en el testimonio de hombres concretos, conocidos de los cristianos y de los que la mayor parte aún vivían entre ellos. Estos “testigos de la Resurrección de Cristo” son ante todo Pedro y los Doce, pero no solamente ellos: Pablo habla claramente de más de quinientas personas a las que se apareció Jesús en una sola vez, además de Santiago y de todos los Apóstoles.
SENTIDO Y ALCANCE SALVÍFICO
La Resurrección es cumplimiento de las promesas del Antiguo Testamento y del mismo Jesús durante su vida terrenal.
“Si no resucitó Cristo, vana es nuestra predicación, vana también vuestra fe”.
La Resurrección constituye ante todo la confirmación de todo lo que Cristo hizo y enseñó. Todas las verdades, incluso las más inaccesibles al espíritu humano, encuentran su justificación si Cristo, al resucitar, ha dado la prueba definitiva de su autoridad divina según lo había prometido.
LAE, diplomado en
Filosofía y periodista.
Académico de la Universidad
Autónoma de Guadalajara.
