JUAN LÓPEZ VERGARA

Nuestra madre Iglesia nos ofrece para hoy un texto bellísimo exclusivo del tercer Evangelio, que rememora una grata y aleccionadora visita amistosa del Señor Jesús al hogar de un par de hermanas muy queridas y valoradas por Él. San Lucas hace hincapié que fue justo, una mujer, discípula de Jesús, indudablemente muy sabia, llamada María, la que supo escoger la mejor parte (Lc 10, 38-42).
EL SEÑOR JESÚS CONTÓ CON VERDADERAS AMIGAS
San Lucas, artista consumado, suele mostrar sumo cuidado al seleccionar cada palabra, elaborar cada frase y, por supuesto, situarla precisamente donde considera que debe encajar. En el texto griego vemos que Jesús va de camino con un grupo de sus seguidores, cuando de repente se separó de ellos y entró solamente él en un pueblo para hacer una visita:
“Yendo todos de camino, él entró en un pueblo, donde una mujer llamada Marta, lo recibió en su casa” (véase v. 38).
La amistad implica confidencia y cercanía compartida. San Lucas permite así apreciar un hermoso rasgo de la concretez de la Encarnación al presentarnos a Jesús anhelante por compartir su cariño personal y su proyecto de vida con dos de sus más cercanas amigas. El Señor Jesús contó con verdaderas amigas, a quienes amó con todo su corazón.
MARÍA DISCÍPULA EJEMPLAR
El evangelista, enseguida, describe la contrastante actitud de aquellas hermanas en torno a la visita de su amigo, al puntualizar que Marta “tenía una hermana llamada María, la cual se sentó a los pies de Jesús y se puso a escuchar su palabra. Marta, entretanto, se afanaba en diversos quehaceres” (vv. 39-40a). ‘Estar a los pies’ es una expresión técnica para indicar el discipulado, como constatamos en la formulación que el evangelista hace de san Pablo cuando declaró: “Yo soy judío, nacido en Tarso de Cilicia, pero educado en esta ciudad, instruido a los pies de Gamaliel” (Hch 22, 3).
María, discípula ejemplar, mantuvo su espíritu despierto para poder escuchar al Señor, quien la rescata de la simple rutina conduciéndola por el camino de la verdad. La aceptación de María como discípula es un rasgo extraordinariamente original del Señor Jesús, quien valora a la mujer, pues los rabinos no solían enseñar a las mujeres (compárese Lc 8, 1-3).
UNA SUAVE CORRECCIÓN
Marta haciendo gala de su nombre que en arameo significa ‘señora’, se molestó porque su hermana no la apoyó en sus menesteres; pero sorprende que en vez de reclamárselo directamente a María se dirigió a Jesús y hasta le ordenó lo que debía hacer: “Señor, ¿no te has dado cuenta de que mi hermana me ha dejado sola con todo el quehacer? Dile que me ayude” (v. 40b). Entonces, Jesús, el Señor, contestó a su amiga, repitiendo tiernamente su nombre:
“Marta, Marta, muchas cosas te preocupan y te inquietan, siendo así que una sola es necesaria. María escogió la mejor parte y nadie se la quitará” (vv. 41-42).
La repetición del nombre es un giro idiomático que manifiesta una suave corrección, la cual entraña un fino dejo de cariño (compárese con Lc 6, 46; 22, 31; Hch 22, 7; 26, 14).
Muy apreciables lectores, para actualizar la Palabra de Dios, anunciada el día de hoy por nuestra Madre Iglesia, que encontramos en este excepcional pasaje los invito a contemplar a Jesús, quien tiene un preciosísimo corazón, de cuya boca brotaban palabras de vida eterna, declarar que fue María, una sabia mujer, atenta amiga y discípula ejemplar, quien escogió la mejor parte.
