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El sufrimiento, prueba de fe y acto de amor

por Quetzali Hernández
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No es fácil entender el por qué del sufrimiento, mucho menos aceptarlo. Sin embargo, tenemos ejemplos brillantes, no siempre vienen de los santos, sino de personas sencillas, piadosas, comprometidas con la Iglesia y unidas plenamente a Jesucristo en la Eucaristía. Se llamaba María del Rosario. Esposa, madre de familia, encargada de una capilla y catequista. Incansable mujer. A cada enfermedad que le iba llegando, la consideraba un regalo del Señor. Se le oyó decir: “Acepto ese regalo, pero dame fuerzas para no renegar…y te ofrezco todos mis sufrimientos por la salvación de mi alma y la de mis hijos”.

Parecería que había leído los escritos del Papa san Juan Pablo II o de Francisco. El Papa de Polonia había dicho en más de una ocasión: “el sufrimiento es una prueba de fe y un acto de amor…en Cristo sufriente la humanidad halla el significado de los propios padecimientos. El hombre aun realizando todo esfuerzo para combatir y eliminar el sufrimiento debe convencerse de que éste no es una derrota sino una buena prueba de fe y un acto de amor”. Y vaya que sufrió mucho quien antes de ser Papa llevó el nombre de Karol Wojtyla y murió, como diría el escritor español Alejandro Casona, “de pié, como los árboles”. Dejando una enseñanza de fortaleza ante el dolor, por estar unido al Divino Maestro.

Por su parte, Francisco, en su encíclica Lumen Fidei expresó: “En el momento del sufrimiento la fe es más fuerte…el cristiano sabe que siempre habrá sufrimiento, pero que le puede dar sentido, puede convertirlo en acto de amor, de entrega confiada en las manos de Dios, que no nos abandona y, de este modo, puede constituir una etapa de crecimiento en la fe y en el amor”. También dice el Papa de origen argentino, en estas semanas agobiado por el dolor: “la luz de la fe nos lleva a olvidarnos de los sufrimientos del mundo, pues personas de fe como san Francisco de Asís y santa Teresa de Calcuta han recibido la luz de las personas que sufren. Ellos han captado el misterio que se esconde en ellos, no les han quitado todos sus sufrimientos, ni han podido dar razón cumplida de todos los males que los aquejan. La luz de la fe no disipa todas nuestras tinieblas, sino que, como una lámpara, guía nuestros pasos en la noche, y esto basta para caminar. Al hombre que sufre, Dios no le da un razonamiento que explique todo, sino que le responde con una presencia que le acompaña”.

Y mientras muchas personas, familiares, amigos, conocidos, sufren en los hospitales, santuarios del dolor, ha llegado la Cuaresma. Oportunidad para orar por los enfermos. Ocasión para reflexionar sobre el sentido del sufrimiento que, tarde que temprano nos visitará y, frecuentemente nos acompañará hasta el fin de nuestra vida. Santa Teresa de Jesús de los Andes llegó a decir: “El sufrimiento no me es desconocido. En él encuentro mi alegría, pues en la cruz se encuentra Jesús y Él es amor. Y, ¿qué importa sufrir cuando se ama?”

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