En la enfermedad no estás solo: Francisco
Ramiro Escoto Ratkovich

“El dolor lleva siempre consigo un misterio de salvación, porque hace experimentar el consuelo que viene de Dios de forma cercana y real”: Escribió el Papa Francisco en su mensaje para la XXXIII Jornada Mundial del Enfermo, que se celebrará el próximo 11 de febrero y cuyo texto fue difundido, la mañana del último lunes de enero, por la oficina de prensa de la Santa Sede.
“La esperanza no defrauda y nos hace fuertes en la tribulación” es el título del Mensaje en este año Jubilar 2025, en el que la Iglesia nos invita a hacernos Peregrinos de Esperanza. Tomado de la carta de san Pablo a los Romanos, contiene –como especifica el Pontífice– “palabras consoladoras, pero que pueden suscitar algunas interrogantes”, en particular, quienes sufren enfermedades y, además del propio sufrimiento, ven sufrir a los seres queridos que los asisten.
“En todas estas situaciones sentimos la necesidad de un apoyo superior a nosotros”, señala el Papa. “Necesitamos la ayuda de Dios, de su gracia, de su Providencia, de esa fuerza que es don de su Espíritu”. Francisco invita a reflexionar sobre la presencia de Dios que permanece cerca de quien sufre, en particular bajo tres aspectos que la caracterizan: el encuentro, el don y el compartir.
ENCUENTRO
El Obispo de Roma recordó que cuando Jesús envió en misión a los 72 discípulos los exhortó a decir a los enfermos: “El Reino de Dios está cerca de ustedes”. Y les pidió concretamente que ayudaran a los enfermos “a comprender que también la enfermedad, aun cuando sea dolorosa y difícil de entender, es una oportunidad de encuentro con el Señor”.
En sus palabras, reconoce que Él no nos abandona y muchas veces nos sorprende con el don de una determinación que nunca hubiéramos pensado tener, y que jamás hubiéramos hallado por nosotros mismos. La enfermedad, asegura, se convierte en ocasión de un encuentro transformador, “en el hallazgo de una roca inquebrantable a la que podemos aferrarnos para afrontar las tempestades de la vida. “Una experiencia que, incluso en el sacrificio, nos vuelve más fuertes, porque nos hace más conscientes de que no estamos solos”. El dolor –añadió el Papa– lleva siempre consigo un misterio de salvación, porque hace experimentar el consuelo que viene de Dios de forma cercana y real”.
DON
“Nunca, como en el sufrimiento, nos damos cuenta de que toda esperanza viene del Señor, y que por eso es, ante todo, un don que hemos de acoger y cultivar, permaneciendo fieles a la fidelidad de Dios”, precisa el Santo Padre. Sólo en la resurrección de Cristo –añade– nuestros destinos encuentran su lugar en el horizonte infinito de la eternidad. “Sólo de su Pascua nos viene la certeza de que nada, ‘ni la muerte ni la vida, ni los ángeles ni los principados, ni lo presente ni lo futuro, ni los poderes espirituales, ni lo alto ni lo profundo, ni ninguna otra criatura podrá separarnos jamás del amor de Dios’”. Y de esta “gran esperanza” “deriva cualquier otro rayo de luz que nos permita superar las pruebas y los obstáculos de la vida”, dijo Francisco citando a su predecesor Benedicto XVI.
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Por último, los lugares donde se sufre son a menudo lugares de intercambio, de enriquecimiento mutuo, explicó el Papa: “¡Cuántas veces, junto al lecho de un enfermo, se aprende a esperar! ¡Cuántas veces, estando cerca de quien sufre, se aprende a creer! ¡Cuántas veces, inclinándose ante el necesitado, se descubre el amor!”.
