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EL VATICANO SEMANA A SEMANA

por Quetzali Hernández
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Ramiro Escoto Ratkovich

El Papa Francisco ha sido incisivo en señalar que la comunicación debe ser coherente desde el emisor de información

Sean promotores de esperanza. Sean narradores de buenas historias. El Papa Francisco lanzó este desafío a los comunicadores de todo el mundo, creyentes y no creyentes, con ocasión del Jubileo dedicado a ellos.

Para el Papa, de hecho, la comunicación no se limita a la profesión, aunque importante, del periodismo. Su visión en el tema es de 360 grados: no es sólo la “producción de noticias”, sino una dimensión esencial del ser humano, que implica corazón e intelecto. Por eso, la comunicación de la esperanza a la que se refiere Francisco en este Jubileo se convierte en un desafío urgente no sólo para los periodistas, sino para todos aquellos que se preocupan por atender a una humanidad cada vez más herida por la violencia y las injusticias.

Al considerar el territorio de la comunicación más amplio que el de la información, el Sumo Pontífice se vincula idealmente a quien, tras el Concilio, fue el promotor de las Jornadas Mundiales de las Comunicaciones Sociales: san Pablo VI.

De hecho, el Papa Montini -aun siendo muy consciente de hasta qué punto los medios de comunicación han influido en la vida de las personas y de la propia Iglesia- quiso que el aniversario anual estuviera dedicado a todos los trabajadores de la comunicación, no sólo a los profesionales de los medios. Como para su querido predecesor, para Francisco la comunicación no es sólo un acto funcional.

Es “materia prima” de la existencia humana, ya que el hombre es una criatura amada por Dios, que se comunica con él desde el principio. De corazón a corazón. Toda comunicación humana está, pues, inserta en el círculo de la comunicación divina.

En efecto, desde el inicio de su pontificado, Jorge Mario Bergoglio ha subrayado siempre la importancia de la comunicación “con el corazón”. En los últimos mensajes para las Jornadas de las Comunicaciones Sociales, repitió esta fórmula: “escuchar, hablar, ver, pero siempre con el corazón”.

Respecto a su mensaje para la Jornada del 2024, dedicada a la Inteligencia Artificial, quiso subrayar que, aunque las máquinas avancen en su desarrollo tecnológico, nada puede sustituir a un corazón humano que siente compasión por sus semejantes. Al fin y al cabo, en la Biblia, cuando se escribe “corazón”, no se hace referencia sólo a un órgano, a una parte, sino al centro del ser humano, el lugar donde nacen las emociones, los sueños y los miedos. Así pues, el corazón es el todo del hombre, no una parte.

En su primer mensaje para la Jornada Mundial de las Comunicaciones Sociales, Francisco señaló al Buen Samaritano como modelo del buen comunicador. La gran fuerza de este ejemplo; escribió, “es el poder de la proximidad”, es decir, saber acercarse a los demás, es pecialmente a los que sufren, sin prejuicios. Y, por tanto, asumiendo riesgos.

La comunicación que genera esperanza, dijo el Obispo de Roma con una llamada al compromiso, no puede limitarse a transmitir información, sino que debe ser capaz de entrar en una relación profunda con el prójimo, llevando una palabra de consuelo y de esperanza. En definitiva, “no basta con comunicar la verdad”, dijo a los periodistas de todo el mundo en el Aula Nervi, “es necesario ser también seres verdaderos”

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