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En las fronteras de la ortodoxia

por Quetzali Hernández
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PBRO. ARMANDO GONZÁLEZ ESCOTO

Aristóteles tuvo la ocurrencia de afirmar que Dios era semejante a un motor inmóvil, alguien que todo lo mueve, sin moverse Él. Sería interesante poder entrevistar al Creador y preguntarle qué opina al respecto.

El hecho es que esta afirmación de un filósofo de tanta importancia marcó por mucho tiempo el pensamiento occidental, y hasta la fecha sigue marcando el pensamiento cristiano, aún si Aristóteles y la revelación cristiana sean tan diferentes y distantes. La cuestión se agravó cuando la inmovilidad eterna del dios aristotélico pasó como por contagio a la autocomprensión de la Iglesia, concebida entonces como sociedad perfecta, y si perfecta, igualmente inmóvil, estática, perene, que, en consecuencia, no tiene por qué cambiar ni mucho menos autocriticarse, se critica lo imperfecto

Más relación habría que hallar entre el pensamiento judío y el de Aristóteles, ya que, para los judíos del tiempo de Jesús, la ley, los mandamientos emanados de la ley, los conceptos teológicos, los rituales y las normas morales eran igualmente estáticas, intocables, absolutas, obligantes para todos, y cualquiera que atentara contra este cuerpo de doctrinas y prácticas debía ser excluido de la comunidad.

Las enseñanzas y las acciones de Jesús supusieron para los guardianes de la fe judía un reto descomunal, ya que Jesús no solamente se mantuvo en las fronteras de la ortodoxia, sino que las rebasó una y otra vez para escándalo y desgarramiento constante de las vestiduras de quienes se consideraban ortodoxos. Y es que Jesús violaba los preceptos de la ley, hacía lo que no estaba permitido hacer, sus acciones eran incluyentes en medio de un judaísmo para el cual la exclusión era parte esencial de su estructura organizativa, por lo mismo, Jesús fue visto como blasfemo y como hereje, como hombre inmoral y enemigo del pueblo elegido.

Frente al dios inmóvil de Aristóteles, Jesús dirá que su Padre y Él, siempre trabajan (Jn.5,17), que el reino de los cielos sufre violencia (Mt.11,12), y que la paz estática y perfecta, no es la de Jesús (Mt.10,34). ¿Cómo podría ser de otra forma, considerando que el hombre no se hizo para el sábado (Mc.2,27)?

La acción dinámica y salvífica de Jesús no se desarrolla para salvar estructuras, instituciones, tradiciones o rituales, sino para salvar a los seres humanos, muchas veces oprimidos por esas mismas estructuras que deberían ser camino de salvación y acaban siendo, como en el caso judío, sistemas de opresión. Por lo mismo Jesús no vino para restablecer reinos temporales (Act. 1,6), sino un camino de vida nueva que rebasa las expectativas miopes centradas en tradiciones y rituales (Jn.4,19)

En la medida que los ultraderechistas cristianos valoran más la tradición que el Evangelio, se les hace imposible comprender el singular valor que ha tenido el pontificado del Papa Francisco, pero le hacen el gran honor de ubicarlo en las fronteras de la ortodoxia, justo en el espacio en que Jesús vivió, y desde el cual redimió a la humanidad.

armando.gon@univa.mx

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