Una de las habilidades de los lobos vestidos de pastores y que se hacen y los consideran dioses, es la red de impunidad, complicidades y corrupción que logran tejer a su alrededor, unos más que otros, unos más perversos que otros, unos más cínicos que otros, unos más ‘arropados’ que otros, con la finalidad de mantenerse en ese status de vida, y que si llega alguna acusación o demanda, se pueda desechar, evadir, disminuir su gravedad, desprestigiar, nulificar, etc
Hablamos de este riesgo gravemente social y religioso que puede estar presente en todos los credos. Aunque solo se llegara a quedar en papel lo que decimos, no podemos ignorarlo, porque se trata de una lacra que afecta a las personas, a muchos seres creyentes que, por principio -por lo menos-, actúan de buena fe, les creen hasta el final, que -en realidad- buscan en esos espacios -que se presentan hasta como espirituales-, creer en Dios. Por eso hablamos de estas tristes y dolorosas situaciones ante las cuales, por diferente motivo, ciudadanos (que profesan una doctrina) y autoridades ignoran o disimulan.
Por supuesto que no son suficientes los hechos, la declaración de testigos, las pruebas, el disgusto social, etc., porque no hay por dónde hacer justicia.
Las leyes se ponen a sus órdenes, junto con los que las manejan, y tienen poder para disponer de ellas y arreglarlas a su modo. Además, pueden contratar abogados a los que se les puede pagar muy bien, gracias a todos los recursos obtenidos, para que hagan lo que quieran con la ley.
Además, forman varios ejércitos, de diferente modo, con diversos aliados, saben cómo hacer una estructura sólida de seguidores. Ejércitos para que estén en sus templos, ejércitos para recaudar fondos, ejércitos para solapar delitos, para defenderse legalmente, para que amplíen su poder, ejércitos para destruir pruebas en su contra, etc. Aunque todo mundo habla de esto, nadie se atreve a ir más allá, y por diferentes razones.
Lobos vestidos de pastores han podido tejer y amarrar en México, Jalisco y varios Municipios una red amplia de protección. Buscan a gobernantes, a candidatos, y a cuanto pudiera ser útil a sus intenciones para acomodar sus piezas.
Los encontramos en puestos públicos en todos los niveles de gobierno. Colocan sus personajes a cambio de dinero o de votos. Por eso, ¿cómo poderles decir que no cuando ‘necesitan’ algo? En todos estos lugares mencionados, no los tocarán, porque han ‘invertido’ mucho dinero, están infiltrados, tienen cargos públicos.
Quisiéramos gritar y exigir: Y, en México, ¿cuándo? Y, en Jalisco, ¿cuándo se les investigará y se buscará hacer verdaderamente justicia? Parece utópico esperar.
No solo están presentes y tienen influencia en el poder ejecutivo, también -parte de esos ejércitos que han podido construir- los encontramos en los poderes legislativo y judicial. A veces son ellos mismos, a veces son personas nombradas, vigiladas y pagadas por ellos, y a veces son cómplices que cedieron a las prebendas.
Los mismos que están involucrados en los gobiernos benefician a los lobos vestidos de pastores, pero también en beneficio propio.
Hay ya muchos intereses creados entre todos estos ejércitos a los que, los miembros o los involucrados, nunca van a querer renunciar.
