PBRO. ADRIÁN RAMOS RUELAS

Nos hiciste Señor para ti, y nuestro corazón estará inquieto hasta que descanse en ti. (San Agustín en Confesiones).
La espiritualidad agustiniana, centrada en San Agustín, se caracteriza por la búsqueda sin medida de la Verdad; la relación profunda con Dios (interioridad); la conversión continua y la vida comunitaria. Para el fundador de esta espiritualidad, Dios habita en lo profundo de nuestro corazón y hay que buscarlo. Tal parece que, este elenco de carismas estará marcando la vida de la Iglesia en los próximos años pues, nuestro Nuevo Pontífice Robert Francis Prevost Martínez (León XIV) es agustino, y sabemos que el santo de su devoción es San Nicolás de Tolentino (santo agustino, el primero de la Orden, protector de las almas del purgatorio e intercesor por la justicia, la maternidad y la salud).
Han sido los maestros de esta escuela de espiritualidad, a cuya intercesión nos podemos confiar. Destacan, desde luego, el mismo San Agustín, su madre, Santa Mónica, San Nicolás de Tolentino, Santa Rita de Casia, San Juan de Sahagún, Santo Tomás de Villanueva, Santa Magdalena de Nagasaki y San Ezequiel de Moreno.
El 22 de mayo la Iglesia recordó en la Liturgia a Santa Rita. Esta excepcional mujer es conocida como la Patrona de lo imposible, tanto por sus respuestas ante las plegarias de los fieles como por los sucesos de su propia vida. Rita siempre quiso ser monja pero, por obedecer a sus padres, se casó. Su esposo le causaba muchos sufrimientos y dolores, pero ella siempre ofrecía oración y bondad en reparación de los daños que le ocasionaba. Con el tiempo, su esposo se convirtió; sin embargo, al tiempo de su conversión, fue asesinado, lo cual causó un inmenso dolor en la santa
Fue en 1411, gracias a la intercesión de San Agustín y San Nicolás de Tolentino, que logró ser admitida en la congregación de las Hermanas Agustinas en Casia, Italia. En el convento su vida estuvo marcada por su caridad y severas penitencias. Sus oraciones fueron para otros alivio y remedio de sus males. Nuestro Señor dio a Santa Rita una herida de espina en la frente, la cual duró para toda su vida. Falleció a la edad de 76 años. Innumerables milagros tuvieron lugar a través de su intercesión después de su muerte.
A ella le pedimos la gracia, su intercesión sobre aquello que nos parece siempre imposible: la gracia de la conversión constante, y, no sólo a ella, sino también a todos los demás Santos Agustinos.
ENSEÑANZAS:
- Cada día es una nueva oportunidad para 1 pedir la gracia de la conversión.
- Al Señor se le encuentra en lo profundo del corazón.
- Dios ciertamente obra en nosotros aquello que nos parece imposible cuando verdaderamente creemos y recurrimos a la intercesión de los santos, sus amigos.
