PBRO. ARMANDO GONZÁLEZ ESCOTO
Un hombre que venía de Zapotlanejo a Guadalajara sufrió en el camino un violento asalto, lo despojaron de su auto, de sus bienes y hasta de sus credenciales, dejándolo tirado a la vera del camino. Muchos pasaron por ahí, pero nadie se detuvo a auxiliarlo, algunos pensarían que ya estaba muerto, otros que sería complicado involucrarse, o incluso que podría ser un truco, finalmente hubo quien llamó a una ambulancia, vinieron, le brindaron los primeros auxilios y se lo llevaron en coma a un hospital, donde recibió magníficas atenciones a sus heridas, no obstante, murió a los tres días, justo cuando sus familiares daban con él. Entonces se conoció su identidad y que acudía a Guadalajara a recibir un tratamiento que no podía interrumpirse ni un solo día, de manera que, aunque tuvo los mejores médicos y las mejores atenciones, murió, porque no era eso lo que él requería, dada su situación.
Cuando identificamos los problemas que buscamos resolver, pero seguimos soluciones que no se corresponden a esos problemas, por muy buenas, reconocidas y afamadas que sean dichas soluciones, acaban fracasando. Es un riesgo que corremos, también en lo que se refiere al Plan Diocesano de Pastoral, de ahí que su continua evaluación sea la primera y principal acción que se debe acometer.
¿Cuáles son los logros tangibles que se han obtenido luego de doce años de proceso pastoral? ¿Aprender a hacer planes y asambleas es de por sí un objetivo buscado?, ¿Ha podido la Iglesia de Guadalajara capacitarse para evangelizar las periferias culturales que la cercan?, ¿Qué resultados tenemos?, ¿Ha disminuido la deserción de los católicos practicantes o disminuido el número de los no practicantes?, ¿Ha aumentado la calidad y la cantidad de los catequistas?, ¿La pastoral de adolescentes y jóvenes agrupa por lo menos un 30 por ciento del más de millón de jóvenes que habitan en la zona metropolitana de Guadalajara?, ¿El Seminario ya es un semillero de misioneros y discípulos, ansiosos de enfrentar los escenarios más difíciles y exigentes, con las mejores herramientas?, ¿El plan y sus asambleas han realmente transformado la mente, el corazón y las actitudes de quienes se mueven en las estructuras diocesanas?
Ni el mejor plan de pastoral puede transformar la realidad contemporánea de manera automática, se requiere de tiempo, de procesos, a veces largos, pero volviendo al relato inicial ¿y si las soluciones nos son las debidas a los problemas reales que tenemos?, ¿y si estamos queriendo curar al enfermo sin saber siquiera quién es, ni mucho menos, lo que necesita?, ¿Y si por dedicarnos a una misión de la misericordia estamos olvidando otros aspectos de la realidad que no se resuelven con este específico tipo de misiones?
Resultaría extraño que una Iglesia todo el tiempo promotora del examen de conciencia, en Misa, en el Sacramento de la Reconciliación y en completas, no hiciera un examen profundo y honesto de las acciones pastorales que realiza, o haciéndolo, no se corrigiera.
armando.gon@univa.mx
