PBRO. JOSÉ MARCOS CASTELLÓN PÉREZ
La XII Asamblea Eclesial de Pastoral,
recién realizada, ha sido un ejercicio sinodal de gran importancia para nuestra
Iglesia Particular, pues pone el acento
en la etapa sectorial de la Gran Misión
de la Misericordia. Nos toca seguir escuchando a todos, incluso a los que no
comparten nuestra fe, y abrir nuevos horizontes para la Nueva Evangelización.
La sinodalidad no es una nota o propiedad de la Iglesia (una, santa, católica y apostólica) sino una forma concreta de vivir el misterio de comunión en la Iglesia, fundamentada en la eclesiología del Concilio Vaticano II, que a su vez se nutre de las enseñanzas de la Tradición Patrística y del aprendizaje en el diálogo ecuménico con las Iglesias Oriental es, organizadas en sínodos. El mismo Concilio Vaticano II estableció algunas formas concretas de sinodalidad, aunque el término como tal le fue desconocido: las Conferencias Episcopales nacionales; a nivel diocesano: el Consejo Presbiteral, el Consejo de Pastoral, el Consejo de Economía; estos últimos también desde el nivel parroquial, aunque aquí en Guadalajara al Consejo Pastoral Parroquial le hemos llamado Equipo Coordinador Básico.
La Asamblea de Pastoral también es una forma concreta de sinodalidad y una oportunidad preciosa para que se den los círculos concéntricos propios de la participación sinodal: uno, algunos, todos. El “todos” corresponde a la participación que se da de los agentes en la asamblea de pastoral de cada parroquia, en la que por derecho pueden participar, incluso, aquellos que no son agentes activos de pastoral, pues no es la tarea la que determina esta participación sino el Bautismo. “Algunos” son los representantes laicos de la parroquia a la Asamblea de los niveles intermedios, es decir, de los Decanatos y Vicarías Episcopales; así como los representantes laicos de cada Decanato en la Asamblea Diocesana (esto es fundamental de entender, pues participan como representantes de todos, no a cuenta personal). Por último, el “uno” da una claridad de forma meridiana que la Iglesia, siendo sinodal, también es jerárquica, que la decisión última sobre todos los asuntos corresponde al Obispo y, con las debidas proporciones, al Párroco.
El ejercicio sinodal es, entonces, el ponernos todos en estado de escucha para que sea el Espíritu el que dirija el caminar eclesial, pues las decisiones últimas, aunque correspondan al Obispo, éste recibe del Espíritu el bálsamo del consejo de aquellos a los que Dios le ha encomendado como Pastor. Así, todas las formas de sinodalidad se desarrollan desde la espiritualidad y la práctica de la escucha atenta y de la apertura a todas las mociones del Espíritu, que habla por medio de quienes le han recibido desde el bautismo.
La XII Asamblea Eclesial de Pastoral, recién realizada, ha sido un ejercicio sinodal de gran importancia para nuestra Iglesia Particular, pues pone el acento en la etapa sectorial de la Gran Misión de la Misericordia. Nos toca seguir escuchando a todos, incluso a los que no comparten nuestra fe, y abrir nuevos horizontes para la Nueva Evangelización.
