Sergio Estrada
Diversas situaciones que se viven a nivel mundial, están llevando al deterioro de la vida social y como consecuencia, están impactando a las familias como la célula de la sociedad, consideró el padre Jorge Atilano, Director Ejecutivo del Diálogo Nacional por la Paz en su conferencia “Círculos Familiares”.
“Cuando se trabaja para la paz, el origen es trabajar en las familias, este es el núcleo más dañado de la sociedad siendo la célula básica y para esto, se necesita recuperar la comunicación y el acuerdo familiar para su reconstrucción”, subrayó el jesuita.
El Sacerdote detalló que las principales instancias, como la familia y la escuela se encuentran en crisis: “La violencia esta dejando secuelas de socialización en las familias y comunidades que no han sido entendidas”.
La situación ha dejado la desconfianza, la depresión, la ansiedad y la ira entre otros factores, sin embargo, ante esto se debe fortalecer el sentido del orden, el desarrollo del sentido de pertenencia, la tolerancia a la frustración y el desarrollo de la conciencia.
Los “Círculos Familiares” son espacios de diálogo en familia, que permiten armonizar las relaciones al interior del hogar y recuperar el valor personal en su historia, antepasados y la comunidad.
En su análisis, el investigador explicó que las familias han sido afectadas por la violencia y la inseguridad y es necesario atender la salud emocional, predominando la lógica económica.
Otro ejemplo, expuso el sacerdote jesuita, es cuando los jóvenes se encuentran en grupos de recuperación de consumo de drogas, cuando salen, recaen por el ambiente que han construido en su entorno y nos damos cuenta que la familia se convierte en factor de riesgo por el ambiente que construyen.
El inicio a las adicciones de los jóvenes, por los tipos de ambientes en los que se desenvuelven generan ansiedad, inseguridad y violencia y afectan a sus familias y comunidades ya que empiezan a tener depresión, ansiedad, ideas suicidas y las adicciones que son problemas emocionales es necesario atenderlas.
Aunado a la desconfianza a las instituciones de sistema de justicia, que afecta la vida de la sociedad y como consecuencia familiar.
Faltan opciones de futuro especialmente para los jóvenes.
IMPACTO DEL DETERIORO
El precursor de la paz, aseguró que dentro de estas situaciones; lo primero, es que se han debilitado los espacios de convivencia desde los integrantes de la familia y para esto se deben reconocer los esfuerzos, logros y avances, donde se exprese el agradecimiento y renueven la confianza para erradicar los problemas interpersonales como el grito, el castigo y el enojo que no favorece la vida familiar.
“Hoy faltan técnicas para resolver estos problemas familiares, las vacaciones en familia, los espacios familiares, la convivencia. La situación económica también influye en la estabilidad emocional de las familias, porque más integrantes tienen que trabajar y se van aislando del resto de la familia”, mencionó el sacerdote.
¿CÓMO ATENDER LAS NECESIDADES DE LA SALUD DE LAS FAMILIAS?
Para el padre Atilano se debe fortalecer el sentido del orden, la disciplina de los jóvenes, para que tengan estructura. La fe en Dios nos hace pensar en un punto con criterio y valores desde el cual construir nuestra vida.
En el sentido de pertenencia: el joven se arraiga en valores, en la medida que tenga una pertenencia a la familia o casa para sentirse seguro y no tomar malas decisiones.
Otro aspecto es el desarrollo de la conciencia: ser conscientes de lo que se piensa, influyendo en lo que se dice y lo que se deja en nosotros es lo que se llama desarrollo de la conciencia.
PEDAGOGÍA QUE AYUDE A FAMILIAS
El padre Jorge Atilano mencionó que la pedagogía del buen convivir tiene 6 etapas; en la primera se tiene que ver qué necesita la familia y qué necesidades tiene, de esta manera se genera un encuentro que atienda esa necesidad para poder participar, vincularse y hacer algo por la familia.
Otro punto es: ¿Cuál es la responsabilidad como papás, como hijos y qué recursos se tienen para salir adelante? y en el cuarto punto nos tenemos que preguntar: ¿Qué tenemos que cambiar y qué prácticas debemos cambiar? y llegar a la conclusión de que se tienen en común, como familia, para obtener el proyecto del “buen convivir”.

