ALFREDO ARNOLD

El presidente francés Emmanuel Macrón visitó México la semana pasada. Fue una visita muy rápida, de sólo un día, pero muy significativa porque desde hace once años, cuando Francosis Hollande visitó a Peña Nieto, no venía ni un presidente francés a nuestro país.
Macrón vino directamente desde Brasil, donde se efectuó la reunión COP30 a la que no asistió la Presidenta Claudia Sheinbaum. No trascendió el tema más importante que haya motivado sumarle tantos kilómetros al regreso de Macrón a París, pero fue una buena señal en cuanto a las relaciones entre ambos países, que no siempre han sido cordiales.
México y Francia no tienen una historia amistosa, como tampoco la tiene México con Estados Unidos, aunque el tiempo y las circunstancias se han encargado de restañar agravios.
Francia invadió a México en 1838 por el conflicto con un pastelero; lo volvió a invadir en 1867 también con pretextos económicos, y aunque perdió el primer round contra Ignacio Zaragoza, se reagrupó y propició la caída de Juárez, el cambio de gobierno y la entronización del príncipe austriaco Maximiliano. No pasó mucho tiempo para que el depuesto don Porfirio (1911) se embarcara exiliado a Francia, donde vivió sus últimos días y allá siguen sus restos en el panteón de Montparnasse.
Y hasta hace muy poco tiempo, las relaciones se volvieron a enturbiar por el arresto de Florence Cassez.
La historia no ha sido precisamente tersa, aunque también existen episodios luminosos, como el legado cultural que nos dejaron durante el gobierno de Díaz, la llegada de educadores franceses como los Hermanos Maristas y Lasallistas, la introducción del Metro de la Ciudad de México y hasta la vida de María Félix en París con Alex Berger o de Salma Hayek con Francois Pinault

Guadalajara y varios municipios jaliscienses tienen importantes inversiones francesas y los franceses guran entre los líderes tecnológicos y científicos del mundo.
A los aficionados al futbol le diremos que el primer partido mundialista en Uruguay (1930) fue México-Francia, nos ganaron 4-1. En Suiza (1954) nos volvieron a ganar 3-2; en Inglaterra (1966) empatamos 1-1, y por fin en Sudáfrica (2010) les ganamos 2-0.
Es justo mencionar que la historia de la relación con nuestro vecino más cercano, con Estados Unidos, tampoco está exenta de altibajos, basta observar un mapa para ver la tajada de territorio que nos quitaron en el siglo XIX. En fin,esas son historias del pasado.
Es curioso, pero ¿cómo se puede explicar que las relaciones diplomáticas de México con Estados Unidos y Francia estén en tan buen momento y en cambio con España sigan suspendidas?
Estábamos comentando la reciente visita de Macrón y nos salimos del tema. La información de su venida a México no fue abundante. Probablemente hablaron de inversiones, de intercambios culturales o de la relación de México con la Unión Europea… quizá fue Macrón un intermediario de lujo para que México normalice su relación con Perú.
Emmanuel Macrón está cumpliendo su segundo periodo como presidente de Francia y tiene apenas 48 años. Es el presidente francés más joven desde Napoleón Bonaparte. Es todo un caso. En su juventud contrajo matrimonio con una señora divorciada, 25 años mayor que él, su profesora, pero dicen que el amor no tiene edades y menos en Francia. Antes de ser presidente, fue un alto funcionario empresarial y banquero, y hoy, desde que se retiró la canciller alemana Ángela Merkel, es uno de los líderes más influyentes de la Unión Europea.
Muy feliz debe estar Marcelo Ebrard con esta visita, tanto por la ascendencia francesa de nuestro secretario de Economía como por los años que después de ser Jefe de Gobierno de la Ciudad de México radicó en aquel país.
Ya irán saliendo los temas que se abordaron en la reunión Sheinbaum-Macrón. Pero desde ahora podemos a rmar que ha sido la visita más importante de un líder extranjero desde que inició el sexenio de nuestra Presidenta.
El autor es LAE, diplomado en Filosofía y periodista de larga experiencia. Es académico de la
Universidad Autónoma de Guadalajara.
