Cristina Elizabeth Díaz Morales
En un ambiente de fervor y profunda gratitud, feligreses de Ocotlán conmemoraron el milagro del Señor de la Misericordia, ocurrido en esta población en el año de 1847, con una Misa celebrada por el Cardenal José Francisco Robles Ortega, quien hizo un llamado a la conversión y al amor.
Durante la homilía, el Cardenal recordó que el amor de Dios es eterno y cercano.
“Lo que quiere decir que el amor de Dios prevalece, sobrepasa toda nuestra maldad y toda nuestra pobreza. El amor de Dios no se condiciona por lo mal que nos portamos o por lo malos que somos. Él nos ratifica, nos reitera su amor y misericordia para siempre”, dijo.
El Cardenal comparó el afecto divino con el gesto tierno de una madre que levanta a su bebé para pegarlo a sus mejillas, recordando que Dios no busca castigar ni pagar con la misma moneda; su misericordia siempre prevalece sobre la fragilidad humana.
El amor del Padre se asemeja también al de un padre terrenal y, como en la parábola del Hijo Pródigo, Dios espera a sus hijos con los brazos abiertos para devolverles su dignidad, no como esclavos, sino como hijos amados.
Con esta celebración, la comunidad de Ocotlán celebró la fiesta del 179 aniversario del Prodigio y los 100 años de la promesa por la paz.
El domingo 3 de octubre de 1847, antes de celebrarse una Misa en el camposanto de la capilla de La Purísima Concepción, en la ciudad de Ocotlán, México, más de 2 mil personas fueron testigos de una imagen perfecta de Jesucristo Crucificado que apareció en el cielo por más de 30 minutos.











