El Papa concluyó en Metz su quinto viaje apostólico internacional, con encuentros centrados en el diálogo interreligioso, la unidad de Europa y la construcción de la paz.
Sonia Gabriela Ceja Ramírez
El Papa León XIV concluyó este lunes 28 de septiembre su visita apostólica a Francia, marcada durante su última jornada por llamados al diálogo, la reconciliación y la paz, así como por una reflexión sobre las raíces cristianas y el futuro de Europa.
La cuarta y última jornada comenzó en Metz, ciudad fronteriza del noreste de Francia, con un encuentro interreligioso en el Centro de Congresos Robert Schuman. Allí, representantes de distintas religiones presentaron un llamamiento común en favor de la fraternidad, la reconciliación, la dignidad humana y la construcción de una cultura de paz.
Ante ellos, el Pontífice afirmó que el diálogo entre las religiones no debilita las propias convicciones, sino que permite expresarlas desde la apertura al otro. También advirtió que invocar el nombre de Dios para justificar la violencia o la opresión constituye una profanación.
León XIV insistió además en que las religiones están llamadas a ser guardianas de la vida y a trabajar por las personas más vulnerables, especialmente en un mundo marcado por conflictos, divisiones y nuevas formas de violencia.
Europa: de las heridas a la reconciliación
Posteriormente, el Papa participó en el encuentro “En las raíces de Europa por la paz y la unidad”, celebrado también en el Centro de Congresos Robert Schuman.
Desde Metz, ciudad marcada por la historia de los enfrentamientos entre Francia y Alemania y vinculada a la figura de Robert Schuman, uno de los padres fundadores de la Unión Europea, León XIV dirigió un mensaje a un continente que, dijo, necesita recuperar el diálogo y la capacidad de construir la paz.
El Pontífice advirtió sobre la “ilusión del rearme” y denunció la violencia que continúa provocando víctimas civiles. Frente a ello, llamó a un diálogo paciente, a la valentía en la negociación y a la disposición para ceder algunas posiciones en favor del bien superior de la paz.
Asimismo, recordó que el multilateralismo y el derecho internacional constituyen herramientas para hacer frente a la voluntad de dominio que está en el origen de los conflictos.
El Papa dirigió una parte especial de su mensaje a los jóvenes, a quienes invitó a asumir la responsabilidad de construir la Europa de hoy y del mañana, rechazando las lógicas de violencia y opresión y comprometiéndose con la vida, la dignidad humana y la paz.
La Misa de clausura: reconciliación y armonía
La última actividad pública del viaje fue la Santa Misa celebrada en la Catedral de San Esteban de Metz, donde León XIV reflexionó sobre la historia de una región marcada por divisiones y conflictos, pero también convertida en testimonio de reconciliación.
A partir de las imágenes del desierto, el jardín y la casa, tomadas del profeta Isaías, el Papa habló del derecho, la justicia y la paz. Subrayó que la paz es un don de Dios, pero requiere también la participación activa de las personas.
Al comentar el Evangelio de las Bienaventuranzas y la enseñanza de Jesús sobre el amor a los enemigos, llamó a superar la venganza, la represalia y el rechazo mediante el perdón y la reconciliación.
“No es verdad que el que comete venganza es más fuerte que el que perdona”, afirmó el Pontífice, al recordar que la historia de Metz muestra que las heridas del pasado pueden transformarse cuando se rompen las cadenas del resentimiento.
En su homilía, León XIV también destacó el patrimonio espiritual y moral que ha contribuido a la construcción de Europa, particularmente la aportación del monacato y de figuras como san Crodegango de Metz.
Entre los principios que forman parte de esta herencia mencionó la primacía de la persona, el carácter sagrado de la vida humana, la libertad, la importancia de la familia, la atención a los pobres, la acogida del extranjero y el respeto a los ancianos.
A partir de las vidrieras de la Catedral de San Esteban, conocida como la “Linterna del Buen Dios”, el Papa propuso una imagen para Europa: la luz no elimina las diferencias, sino que puede integrarlas en un mismo mosaico.
Por ello, afirmó que “el futuro de Europa no reside en la uniformidad, sino en la armonía de las diferencias”, donde las heridas del pasado puedan convertirse en espacios por los que entre la luz.
Un viaje marcado por la esperanza
Con esta celebración concluyó el quinto viaje apostólico internacional de León XIV, que del 25 al 28 de septiembre lo llevó por París, Lourdes y Metz.
Durante cuatro días, el Pontífice se encontró con autoridades civiles, jóvenes, catecúmenos y neófitos, personas migrantes, víctimas de abusos, representantes de otras religiones, sacerdotes, religiosos y religiosas, así como con comunidades católicas de distintas regiones de Francia.
La visita, cuyo lema fue “Para que el mundo tenga vida”, dejó como algunos de sus principales ejes la dignidad de la persona, la defensa de la vida, la esperanza, el diálogo y la paz.
Tras la ceremonia de despedida en el aeropuerto de Metz-Nancy-Lorraine, en la que participó el presidente Emmanuel Macron, León XIV emprendió su regreso a Roma, poniendo fin a cuatro días de intensa actividad pastoral y diplomática en Francia.












