Se acerca a sus 500 años de fundada
Jorge Román Ramírez Carrillo

Además del Día del Amor y la Amistad, el 14 de febrero se conmemora y celebra el aniversario 483 de la fundación de la ciudad de Guadalajara.
La ciudad, como la familia, cumple con la misión de enseñar a vivir y a hacerlo de una determinada manera a quienes en ella nacen o viven. Una ciudad que nos enseña, nos educa, civiliza, instruye y capacita para comportarnos como un ser humano que vive irrenunciablemente en sociedad.
La ciudad nos enseña a vivir en comunidad y nos enseñó a ser tapatíos con las costumbres, tradiciones, gastronomía y lugares emblemáticos con los que Guadalajara es reconocida a nivel internacional.
La cultura tapatía ha sido forjada a lo largo de los siglos, y no puede ser reducida al tequila y al mariachi. Nos ha faltado creatividad para lanzar la propia cultura como propuesta globalizadora, hoy simplemente nos dejamos globalizar.
En Guadalajara lo nuevo no destruye por completo lo antiguo, sino que lo integra, y como dice el Sacerdote e historiador Armando González Escoto “el tapatío no le niega espacio a lo nuevo y así vemos la construcción de enormes estacionamientos junto a inestimables joyas virreinales. Queremos siempre ser antiguos y modernos, o las dos cosas a la vez”.
A Guadalajara le faltan árboles, tiene escasez de agua y trae un déficit medioambiental que preocupa. De ser la ciudad con un gran lago y un gran bosque, pasamos a ser una gran ciudad con un bosque pequeño y amenazado por el desarrollo inmobiliario imparable.
De ser una ciudad para caminarse, se convirtió en una ciudad con grandes problemas de movilidad. El modelo de ciudad que privilegia el auto generó una gran problemática para transitar por la ciudad.
La inseguridad hizo que pasara de ser la ciudad más tranquila a la ciudad con la mayor desaparición de personas en el país. Sin embargo, se observa un despertar de la ciudadanía para avanzar en la necesaria reconstrucción del tejido social roto y de construcción de paz.
Guadalajara, en sus ya cercanos 500 años es una ciudad viva y rozagante, que vibra, que se mueve continuamente, y es una ciudad sostenida por toda la gente con su trabajo diario, aprendiendo a sortear los tiempos como lo ha hecho siempre.
Es la Guadalajara del siglo XXI que se extendió hasta cubrir las laderas de la Barranca y subirse a los cerros de La Primavera, una ciudad de sueños e ilusiones. Guadalajara, ciudad construida gracias al ingenio, al amor, al entusiasmo de su gente.
Y como expresa González Escoto: “Los tapatíos siguen siendo aquellos que se reflejan en el cristal que cubre a la Virgen de Zapopan, ahí se ven los tapatíos que lo son de veras y aquellos que de veras lo quieren ser, pues esta imagen, mucho más allá de su significación estrictamente religiosa, se ha situado como el símbolo de estas tierras, por lo mismo sigue siendo el vínculo más permanente de la identidad tapatía. Con ella nació la ciudad y sobre ella ha escrito su historia”.
La Minerva, en el ingreso poniente de la ciudad, en la base de la estatua, una inscripción dice: Justicia, Sabiduría y Fortaleza custodian a esta leal ciudad. Estas palabras son un recordatorio constante de los valores que los habitantes de la ciudad apreciamos y deseamos mantener.
