LUIS SÁNCHEZ

El programa de visados H-1B, pieza angular de la política migratoria de EE. UU., se encuentra hoy bajo un escrutinio sin precedentes. Este sistema, diseñado para traer a profesionales altamente calificados en campos como la tecnología y la ingeniería, ha sido el motor silencioso que ha impulsado la innovación y el crecimiento económico del país durante décadas. Sin embargo, lo que antes era un mecanismo para atraer talento se ha convertido en el centro de un debate político polarizado. La retórica populista, que acusa al programa de “robar empleos”, ignora el papel irremplazable que estos visados desempeñan en el mantenimiento de la competitividad global de la nación.
La demanda de estas visas habla por sí sola. Los datos son un termómetro de la necesidad de talento especializado que tiene la economía estadounidense. En el año fiscal 2024, el Servicio de Ciudadanía e Inmigración de Estados Unidos (USCIS) recibió casi 484,000 registros, de los cuales solo se seleccionaron 114,010. Esta enorme brecha entre la oferta y la demanda demuestra que, lejos de ser un programa obsoleto, es más relevante que nunca. La concentración de beneficiarios, con un 71% de origen indio, no es un problema de diversidad, sino una clara indicación de dónde se encuentra el talento que la industria tecnológica estadounidense necesita urgentemente.
La narrativa de que los trabajadores H-1B le quitan el trabajo a los estadounidenses es un mito persistente, pero desmentido. Numerosos estudios, como los realizados por la National Bureau of Economic Research (NBER), han concluido que estos profesionales no solo no desplazan a los trabajadores locales, sino que, de hecho, incrementan la productividad y fomentan la creación de nuevos empleos complementarios. Por ejemplo, una investigación del Center for Global Development reveló que por cada 100 trabajadores con visa H-1B, se crean entre 150 y 200 empleos adicionales para trabajadores estadounidenses. Su presencia enriquece el ecosistema laboral, fomentando la innovación y el desarrollo de nuevas empresas. El caso de Sergey Brin, cofundador de Google, quien llegó a EE. UU. con una visa de estudiante, es un recordatorio de cómo la inmigración calificada puede transformar una idea en un gigante global.
Las propuestas de imponer tarifas exorbitantes, como la de $100,000, son un golpe letal, no a los grandes corporativos, sino a la espina dorsal de la economía: las pequeñas y medianas empresas (PYMES). Mientras gigantes tecnológicos como Amazon pueden absorber este costo con facilidad, una startup que busca contratar a un ingeniero extranjero para crecer enfrentaría una carga financiera insostenible. Este tipo de política, en lugar de “proteger el empleo”, crea un monopolio de facto para el talento extranjero, concentrándose en las empresas más grandes y ricas, y sofocando la competencia y el dinamismo que definen a la economía estadounidense.
Los abusos en el programa, como los salarios bajos o la presentación de múltiples solicitudes, son problemas reales que necesitan ser abordados. Sin embargo, la solución no es un hachazo indiscriminado. En lugar de desmantelar el sistema, se necesita una reforma inteligente y precisa. Medidas como una mayor transparencia salarial, auditorías más rigurosas y sanciones severas para las empresas que violan las reglas serían más efectivas que imponer barreras que perjudican a la mayoría. Un enfoque quirúrgico es la clave para proteger la integridad del programa sin sacrificar su propósito.
El programa H-1B es más que una simple visa; es un activo estratégico para EE. UU. Ignorar su valor o ceder ante la retórica proteccionista sería un acto de auto-sabotaje. Como señaló el físico Michio Kaku, este programa es el “arma secreta” de la prosperidad estadounidense. El futuro del liderazgo tecnológico y económico del país depende de su capacidad para atraer y retener a los mejores cerebros del mundo. El desafío no es cerrar las puertas, sino abrirlas con inteligencia, asegurando que el flujo de talento siga alimentando el motor de la economía. Nos leemos la siguiente semana y recuerda luchar, luchar siempre, pero siempre luchar desde espacios más informados que construyen realidades menos desiguales y pacíficas.

