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Hacer como que hacemos

por Quetzali Hernández
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PBRO. ARMANDO GONZÁLEZ ESCOTO

Uno de los círculos viciosos más comunes en el sacramento de la reconciliación es acusarse siempre de lo mismo, no por el hecho de que hagamos siempre lo mismo, sino porque nos acostumbramos a pensar que sólo es pecado aquello en lo que habitualmente incurrimos. Esta actitud nos ciega frente a muchas otras que acaban pasándonos desapercibidas y que pueden ser faltas igualmente graves.

Desde hace ya bastantes años el magisterio eclesiástico comenzó a hablar de pecados sociales, es decir, acciones que cometemos todos como comunidad en la medida que con o sin previo acuerdo asumimos las mismas actitudes ante los mismos hechos, por ejemplo, la indiferencia ante el sufrimiento ajeno, o considerar que las desigualdades sociales son naturales e inevitables.

También podemos detectar pecados estructurales, o un manejo indebido de nuestras acciones en las estructuras eclesiales, algo así como hacer como que hacemos cuando en realidad no hacemos nada, cumplir por cumplir, o limitarse a los mínimos.

El nuncio apostólico Christophe Pierre decía que en México nos gusta mucho hacer organigramas con todos sus casilleros, poner responsables en cada uno, y olvidarnos después de los resultados, el objetivo no es entonces alcanzar tales o cuales metas, sino sólo completar el casillero y desde luego mostrarlo a quien se interese: “ya cumplí”.

En diversas ocasiones tales como recibir visitantes distinguidos de la Iglesia se busca sólo llenar el expediente del modo que sea, y acarrear a quien se pueda, para como luego se dice, “dar el gatazo”.

Algo parecido sucede con la aplicación del plan diocesano, cuyo proceso algunas personas o no lo siguen o llenan los cuestionarios sobre el escritorio, “porque hay que entregarlos”.

Para el presente año santo se programaron con todos los requisitos de espacios y tiempos, jubileos de tales o cuales sectores de la sociedad, ya ha habido algunos, y de éstos también algunos fueron patéticos, pero “se cumplió”, otra vez, la fatídica frase que todo lo justifica. Pero estos resultados magros demuestran que hay cosas que no se pueden improvisar o que hay acciones que no se están cumpliendo, porque pensamos que basta con hacer como que hacemos, hasta que los resultados nos delatan.

Pudiéramos preguntarnos, ¿será que nadie se da cuenta, o todos terminamos por hacernos de la vista gorda, porque eso de hacer como que hacemos resulta muy cómodo y evita problemas?

Contentarnos con lo que sea, con lo que salga y como salga, es propio de personas y sociedades decadentes, también de personas deshonestas, de individuos que aceptan responsabilidades para las cuales no tienen capacidad, pero les atrae el título; toda esta serie de conductas, actitudes e in nitas omisiones, exigen necesariamente de una purificación cuaresmal, lo cual incluye que quienes tienen el deber de pedir cuentas, las pidan y lo hagan puntualmente, sin contentarse con informes vagos y resultados de “más o menos” ¿O no va por ahí el desierto cuaresmal?
armando.gon@univa.mx

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