PBRO. JOSÉ MARCOS CASTELLÓN PÉREZ
La constante referencia sobre México de Donald Trump ha sido en muy malos términos: principalmente sobre seguridad, economía y migración. Además de su falta de tacto político cuando se refiere a otras naciones, incluida nuestra Patria, aparece a todo color no como un estadista sino un populista de talla simplona y corriente, a pesar de ser el hombre más poderoso del mundo. Su lenguaje ramplón, plano, sin profundidad; ante la falta de contenido y sustancia tiene que recurrir constantemente a los adjetivos. La utilización de adjetivos sin sustantivos genera juicios precipitados y graves injusticias, revelando poca hondura y pobreza de razonamiento.
Quisiera que enfoquemos nuestra mirada en su señalamiento en orden a la seguridad. Con honestidad hemos de reconocer que no echa mentiras cuando dice que México es un polvorín, que casi la mitad del territorio está en manos de los grupos del crimen organizado, que se ha debilitado el Estado, que estos grupos criminales actúan sembrando el terror en la población y que son los que producen y exportan fentanilo y otras drogas que están matando millares de estadounidenses. Esto es cierto y seríamos ilusos e irresponsables si no se acepta. En este sentido, no es una traición a la Patria reconocer el señalamiento de Trump; una verdadera traición a la Patria es la que cometen aquellas autoridades civiles que lo ocultan con otros datos, lo disimulan con programas paliativos e, incluso, lo permiten siendo aliados de los criminales. Esa es la verdadera traición a la Patria.
Sin embargo, los señalamientos deben ir acompañados de una confesión de “mea culpa”, pues si México vive esta difícil situación es también por la culpa de los Estados Unidos y no sólo por la corrupción e ineficacia de los gobiernos mexicanos. Sí, si Estados Unidos actuara en su política interna de forma diferente en su problema gravísimo de salud pública por las drogas y las leyes en torno al uso de las armas, otro gallo nos cantaría en México. El uso de estupefacientes es tan antiguo como el mismo ser humano, pero Estados Unidos tiene un problema gravísimo de salud a causa del uso de drogas que ellos mismos dejaron crecer irresponsablemente. Los estadunidenses son los más grandes consumidores de drogas en el mundo y son ellos los que comenzaron la guerra contra las drogas en el siglo pasado, especialmente a partir de la presidencia de Nixon, sembrando muerte ya no sólo por el uso de las drogas sino por combatirlas. Su guerra se extendió por los brazos militares de la DEA a los países productores o en los que se realiza el trasiego, pero la ley del mercado ha ganado, pues habiendo consumidores habrá productores. Por otra parte, la guerra contra las drogas supone también el mercado de las armas, insumo estadunidense que se vende a aquellos a los que se les hace la guerra. Un negocio redondo para Estados Unidos que, por donde se mire, es uno de los principales causantes de que México sea un narcopaís.
