PBRO. JOSÉ MARCOS CASTELLÓN PÉREZ
El horizonte es una palabra que tiene su origen etimológico del griego “horizón”, que hace referencia a los límites o a la delimitación. En geografía se utiliza para señalar el límite visual entre el cielo y la tierra, y de forma metafórica para indicar la capacidad visual de la realidad a partir de las circunstancias e, incluso, intuir el futuro posible o tener una prospectiva, por las potencialidades o límites del presente.
Generalmente se hace una mirada en prospectiva del futuro por la forma en como se ha medido, de manera cíclica, el tiempo físico; es decir, ciclos mensuales, anuales, por lustros, décadas, etc. De esta forma, cada año nuevo se dan ciertos indicadores que, partiendo de la realidad, pueden ayudar a tener una prospectiva, que favorecen las tomas de decisiones importantes, sobre todo a nivel social.
Este año nuevo 2026, el inicio del segundo cuarto del siglo XXI, viene marcado por un cambio drástico de la geopolítica internacional por la intervención armada, justa pero ilegal, de Estados Unidos sobre Venezuela; seguramente tocando intereses de Rusia y China, que hasta el momento no han tomado postura. Una intervención, otra más del Imperio Yanqui, sobre una Iberoamérica con una tendencia a los autoritarismos y bajo la amenaza de las grandes mafias internacionales, que ahora tienen la marca de “hecho en México”, con los ya famosos cárteles de narcotráfico, que han diversificado sus actos delictivos y están amenazando la paz y el progreso de lospueblos iberoamericanos.
La artificiosa derecha echa las campanas a volar, pensando que Trump va a resolver los problemas democráticos, y aplauden lo que podría ser un problema de largo alcance para la región, como lo han sido las intervenciones norteamericanas. La fracasada izquierda, la que ha multiplicado la pobreza en el Continente, seguramente estará temblando de miedo, aunque su retórica envalentonada, como era la de Maduro, tenga sabor a show de barandilla.
El horizonte de México también se ensombrece por la amenaza de la intervención del poderoso vecino del Norte, al que ni de chiripa pudieran responder las fuerzas armadas mexicanas; además que ni convendría. La disyuntiva retórica sería, entonces, en defender la prostituida soberanía del país, pero ¿de quién? ¿De un ejército extranjero que responde a la incapacidad o complicidad del gobierno mexicano? ¿De los cárteles que han violado la soberanía mexicana, aunque sean más mexicanos que los nopales? ¿Se tendría entonces qué replantear qué se entiende por soberanía? ¿La soberanía es la idea e ideal de país?, ¿del gobierno en turno?, ¿del pueblo que ya está cansado de pésimos gobiernos de todos los colores y está as xiado por el crimen organizado? ¿Acaso del Estado que ya está disminuido hasta identificarse con Morena?
Los cristianos no pueden perder la esperanza, que es el motor del compromiso por hacer posible la instauración del Reino de Dios y sus valores en lo cotidiano y a lo corto. Sin duda, será un año de gracia, porque en medio de la oscuridad siempre brilla la Luz de Cristo.
