DR. FRANCISCO GÓMEZ PALOMAR

Posterior a la pandemia, ha sido más notorio para los profesionales de la salud mental observar una actualidad donde la incertidumbre, el dolor y el cansancio emocional se ha vuelto parte del día a día de muchas personas. La salud mental, por años excluida, invalidada o incomprendida, en la actualidad emerge como una prioridad humana y espiritual. En medio de las tormentas sociales e interiores de cada persona, las palabras de Jesús siguen resonando con fuerza: “No tengas miedo”. Pero, ¿qué puede significar esto cuando una persona afronta la ansiedad, la depresión o algún otro sufrimiento emocional?
La fe no es una técnica que hará borrar los problemas de un momento a otro, tampoco es algo que sustituya la atención emocional, como la psicoterapia o psiquiatría. Pero sí puede ser un gran pilar, aquella luz encendida en medio de la oscuridad. Cuando una persona vive crisis emocionales, suele sentirse solo, no comprendido o incluso “alejado” de la espiritualidad. Sin embargo, la salud mental no es una falta o ser débil de fe: es algo que integra nuestro propio ser, el cual también necesita de cuidados, consuelo, empatía y acompañamiento.
Jesús no prometió una vida en la que no hubiera sufrimiento, pero sí una presencia única que no nos abandona: “Yo estaré con ustedes todos los días hasta el fin del mundo”. Desde este discurso, podemos comprender que el buscar ayuda, hablar sobre lo que nos pasa, lo que sentimos o pensamos, llorar y poder recurrir a un tratamiento de salud mental, no es falta de fe, sino todo lo contrario, seguir honrando esta vida la cual Dios nos dio para poder vivirla en plenitud, gracia y felicidad.
Un ejemplo de todo lo anterior, es lo que se realiza dentro del Hospital San Juan de Dios, se puede observar a diario cómo el acompañamiento mental, espiritual y de la fe puede coexistir con la ciencia médica: un rezo, una mano extendida, un oído que escucha, una empatía que sostiene, una conexión que repara, un acompañamiento que alivia, simplemente acompañar al que sufre, son actos que dan esperanza concreta al ser humano, y que lo ayudan a sobrellevar sus situaciones personales.
“No tengas miedo” no es solo una frase que Jesús pronunció: es una invitación a la apertura, abrir el corazón, a no cargar solo con el peso de la vida, de la mente, de las emociones o pensamientos, ni del alma. Es también un llamado para que la comunidad logre tener abertura a espacios de comprensión, sin juicios, en el que se puede hablar de salud mental, con un trato digno y de respeto, como lo puede ser un hospital de salud mental, una clínica o un consultorio psicológico.
Dios no nos abandona en nuestras luchas interiores. Él camina con nosotros, extiende su mano y dice: “Estoy aquí contigo. No tengas miedo.”

