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Identidad Diocesana

por Quetzali Hernández
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PBRO. ARMANDO GONZÁLEZ ESCOTO

El próximo 20 de mayo inicia la visita anual, juramentada, de la venerable imagen de Nuestra Señora de Zapopan a Guadalajara, la visita 291. A partir de este año la imagen de la Virgen visitará, cada año, todas las parroquias del municipio tapatío y el Decanato de San Pedro. Los Decanatos urbanos de los municipios de Zapopan y Tlaquepaque los ha estado visitando previamente.

A lo largo del tiempo, las razones y sentidos de esta visita han variado a tenor de las circunstancias: para invocar la protección de Dios ante los terremotos, sequías, tempestades, inundaciones, epidemias, o para pedir la paz frente a las diversas guerras que hemos vivido. De hecho esta tradición no nació de una ocurrencia pastoral o para satisfacer devociones de moda, sino como consecuencia de un milagro ocurrido en 1734, cuando la ciudad, a punto de perderse, se salvó por la intercesión de la Virgen, milagro tan patente y tan visible para la gente de aquel tiempo, que toda la ciudad juró traer cada año esta imagen de la Virgen para agradecer y conmemorar dicho milagro, también para suplicar nuevos favores, por eso esta visita anual se denomina juramentada, porque se hace en fidelidad a un juramento que ha pasado de una a otra generación.

Pero la Virgen también realiza visitas que son pastorales, es decir, que se derivan de la misión que la misma Santa Sede le confió de ser Patrona y, por tanto, la intercesora ante Jesús de esta Arquidiócesis de Guadalajara.

De esta manera, las visitas de la Virgen de Zapopan, sean por el juramento o por su patronato, tienen o deben tener un profundo sentido eclesial, son visitas que deben fomentar el sentido de Iglesia, de comunidad diocesana, que tiene una historia propia, un origen y raíz común, recordemos: “Nuestro padre fue un misionero español que dejando su patria vino a estas tierras para anunciar el Evangelio. Con la imagen de la Virgen de Zapopan sobre el pecho y el crucifijo en la mano, fue fundando pequeñas comunidades cristianas, de indígenas y españoles, de las cuales nació la diócesis de Guadalajara, en la que somos todos discípulos y misioneros”. Ésta es nuestra identidad de origen, y la Virgen es su símbolo más original y permanente.

Por lo mismo, la visita de la Virgen no debiera ser ocasión para organizar especies de congresos de cuanta otra advocación pueda existir en Jalisco, pues eso distrae a la comunidad del objetivo esencial de la visita, juramentada o pastoral, y hace que pierda su sentido identitario, y su aporte en la reconstrucción del tejido eclesial diocesano.

Debemos trabajar igualmente para que esta tradición, o ciclo anual, que ostenta el galardón de ser “Patrimonio Mundial de la Humanidad”, conserve sus valores tanto externos como internos, pues unos y otros son muestra de la cultura católica regional, y desde luego, un llamativo medio de evangelización en una sociedad cada vez más secularizada.
armando.gon@univa.mx

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