PBRO. JOSÉ MARCOS CASTELLÓN PÉREZ
En el conocimiento de la realidad tal y como es existe el metarrelato y el relato de pequeño formato. En este caso el metarrelato exige objetividad, estudio, análisis, visión omnienglobante, estadística de los datos duros; va más allá de la experiencia concreta de cada persona, pero la supone. El relato de pequeño formato es la experiencia concreta, lo que cada una de las personas vive en su contexto particular que puede ser coherente con el metarrelato o no. Aclaremos que no se trata de coherencia moral, sino lógica, en cuanto que lo universal y general debe ser coherente con lo concreto y particular y viceversa.
¿Cómo se puede tratar de una incoherencia lógica, al menos en el discurso, entre lo universal y lo particular cuando se habla de la realidad mexicana? Esta incoherencia lógica se puede entender dentro de la estadística en casos que son contrarios al metarrelato y que, por lo mismo, lo confirmarían, conforme aquello de que “la excepción confirma la regla”. O bien, se trata de una incoherencia lógica porque intencionalmente no se corresponden.
Para evitar tanta especulación epistemológica, vayamos a lo que nos importa con la siguiente pregunta: ¿es coherente el discurso oficial de su lectura de la realidad con ésta? No lo sabemos, pues hay un prejuicio histórico en nuestra patria frente al discurso oficial que siempre maquilla los datos, que nos hace creer que vivimos mejor que Alicia en el país de las maravillas. Dos temas que quisiera enfocar en este sentido.
El discurso oficial, en el campo de salud, México está mejor que Dinamarca; pero la realidad a la que tenemos acceso, siempre tan parcial y subjetiva, nos dice, en voz de tantos derechohabientes del IMSS o de cualquier sistema gubernamental, que no hay citas para consulta,
se postergan intervenciones quirúrgicas, no hay medicinas. Es cierto que el gobierno responsabiliza el desabasto de medicina a las empresas farmacéuticas que los producen o venden, pero las soluciones no se ven llegar ni con la construcción de una megafarmacia.
Otro de los temas es el de la seguridad; por ejemplo, en caso del rancho Izaguirre de Teuchitlán, los grupos de buscadores, que cuentan ya con una vastísima experiencia en esto, dijeron que se trataba de un campo de entrenamiento y de exterminio; pero el discurso oficial lo desmiente diciendo que sólo era un lugar de reclutamiento del crimen organizado. Por ende, no hay coherencia entre el metarrelato gubernamental y el pequeño relato de los ciudadanos que lo encontraron.
El discurso oficial dice que hay menos muertos, pero muchas personas dicen que se vive con mayor inseguridad y narran las experiencias de desaparición forzosa, de homicidios o de violencia.
Esta incoherencia lógica nos lleva a otra pregunta: ¿Quién dice la verdad? Si dicen la verdad los ciudadanos de a pie, ellos ya no tienen nada que perder, pues ya tienen muchas pérdidas. Pero el gobierno sí tiene mucho qué perder, por eso es más seguro que el discurso no solo sea incoherente, también mentiroso.
