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Infancias Trans: La dignidad humana como bandera política

por Gabriela Ceja Ramirez
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CRISTINA DÍAZ

Hablar de dignidad humana se ha “puesto de moda”, si buscamos en Internet una definición, encontraremos que la precisan como: el valor intrínseco, inalienable y supremo que posee toda persona por el simple hecho de serlo, independientemente de su condición, origen o habilidades. Constituye la base de los derechos humanos y obliga a tratar a los individuos con respeto y compasión, nunca como objetos o medios.

Cuando la dignidad humana se toma como bandera política para responder a intereses de alguna esfera de poder, se puede caer en la confusión y no alcanzar a ver el tema de fondo.

¿QUÉ DICE LA IGLESIA?

En abril del 2024 el Dicasterio para la Doctrina de la Fe emitió el documento: «Dignitas infinita sobre la dignidad humana».

En el documento emitido por la Santa Sede, que puede consultarse en Internet, se aborda claramente el cambio de sexo. A la letra se puede leer: La dignidad del cuerpo no puede considerarse inferior a la de la persona como tal.

El Catecismo de la Iglesia Católica nos invita expresamente a reconocer que «el cuerpo del hombre participa de la dignidad de la “imagen de Dios”». Tal verdad

merece ser recordada, especialmente cuando se trata del cambio de sexo. En efecto, el ser humano está inseparablemente compuesto de cuerpo y alma, y el cuerpo es el lugar vivo donde se despliega y manifiesta la interioridad del alma, incluso a través de la red de relaciones humanas. Constituyendo el ser de la persona, alma y cuerpo, participan así de esa dignidad que caracteriza a todo ser humano.

En este sentido, hay que recordar que el cuerpo humano participa de la dignidad de la persona, ya que está dotado de significados personales, especialmente en su condición sexual. Es en el cuerpo, de hecho, donde cada persona se reconoce generada por los demás, y es a través de su cuerpo que el varón y la mujer pueden establecer una relación de amor capaz de generar a otras personas.

Sobre la necesidad de respetar el orden natural de la persona humana, el Papa Francisco enseña que «lo creado, nos precede y debe ser recibido como don. Al mismo tiempo, somos llamados a custodiar nuestra humanidad, y eso significa ante todo aceptarla y respetarla como ha sido creada».

De ahí que toda operación de cambio de sexo, por regla general, corra el riesgo de atentar contra la dignidad única que la persona ha recibido desde el momento de la concepción. Esto no significa que se excluya la posibilidad que una persona afectada por anomalías genitales, que ya son evidentes al nacer o que se desarrollan posteriormente, pueda optar por recibir asistencia médica con el objetivo de resolver esas anomalías. En este caso, la operación no constituiría un cambio de sexo en el sentido que aquí se entiende.

¿CAMBIAR POR GUSTO?

El rechazo a la iniciativa de Ley de las Infancias Trans en Jalisco que en días pasados fue votada por los diputados locales, fue un gran paso para defender lo más valioso de la sociedad: los menores.

Más allá de tomar un tema como bandera política, debemos de ser coherentes con lo que nos enseña y pide la Madre Iglesia, respetar la dignidad humana desde el momento de la concepción y más aún, de los pequeños que están siendo formados en mente y espíritu en el seno de las familias cristianas.

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