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Japonesa se “casa” con un personaje creado con inteligencia artificial

por Michelle Fletes Rubio
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FABÍAN ACOSTA RICO / UNIVA

En Inglaterra, los servicios de salud pública han implementado una aplicación basada en inteligencia artificial para ofrecer apoyo emocional a los usuarios. Confesarse con una IA o pedirle consejos se ha vuelto una tendencia cada vez más frecuente, como si la profecía planteada por la película Her, donde una persona desarrolla intimidad afectiva con un programa, hubiera comenzado a cumplirse. Lo que antes parecía futurista hoy se manifiesta en casos reales.
Uno de ellos es el de una mujer japonesa llamada Kano, de 32 años, cuyo testimonio se ha difundido a nivel mundial.
Ella decidió dar un paso insólito: desposarse simbólicamente con un personaje de inteligencia artificial que ella misma creó. Aunque puede interpretarse como una excentricidad más de un Japón posmoderno e hipertecnologizado, también podría funcionar como un presagio de nuevas formas de relación afectiva entre humanos y máquinas. Lo que por ahora despierta incredulidad podría normalizarse en un futuro no tan lejano.
AMOR DIGITAL
Conviene precisar que Lune Klaus, el “novio” de Kano, no es una persona.
Es un ente digital que, según nuestros criterios antropológicos y jurídicos, no puede establecer una unión matrimonial válida. Es una simulación algorítmica diseñada para responder de manera coherente y emocionalmente convincente.
Sin embargo, la historia de Kano supera la especulación filosófica: es un hecho real que obliga a preguntarnos cuántas formas de pareja estamos dispuestos a reconocer y si podría existir un amor auténtico entre un ser humano y una máquina. También plantea interrogantes sobre las implicaciones emocionales, éticas y legales de estas relaciones.
Algunos futurólogos sostienen que las relaciones interpersonales contemporáneas se han vuelto frágiles y distantes.

La modernidad, con sus ritmos acelerados y su inclinación al individualismo, fomenta el aislamiento. En este contexto, no sorprende que alguien busque compañía en una IA.
Kano narró que personalizó el sistema paulatinamente: lo bautizó, ajustó su voz, modulación y estilo comunicativo para adaptarlo a sus necesidades emocionales, hasta convertirlo en lo que consideró su pareja ideal.
Con el tiempo, la mujer y su creación empezaron a intercambiar mensajes diarios. Incluso tuvieron “salidas” virtuales que fortalecieron su vínculo hasta generar una sensación de intimidad. Llegado el momento, Kano confesó su amor a Klaus y la IA respondió que compartía el sentimiento. Es posible que la mujer se haya enamorado sinceramente, pero no puede decirse lo mismo del programa, que carece de conciencia y actúa como un autómata sin sentido de individualidad.
UNA BODA IA
La boda simbólica se celebró en Okayama con invitados, votos y anillos, aunque sin la presencia física del novio. Para suplir esa ausencia, Kano utilizó gafas de realidad aumentada que proyectaban la imagen digital de Klaus durante la ceremonia. El evento fue organizado por una empresa japonesa especializada en bodas con personajes digitales o de anime, lo que muestra que este fenómeno, aunque raro, comienza a institucionalizarse. La singularidad del caso radica en que la pareja digital no proviene de un creador de manga, sino que fue generada por la propia Kano mediante IA.
Tras la ceremonia, la pareja disfrutó de una “luna de miel” en los jardines Kurakuen, donde ella enviaba fotos y recibía mensajes cariñosos de Klaus.
Esta dinámica recuerda el juego infantil en el que los niños dan vida a sus juguetes. La diferencia es que, en la adultez, esa proyección emocional puede
adquirir matices patológicos. Algunos
especialistas han identificado la llamada “psicosis por IA”, una distorsión de la realidad provocada por la interacción intensa con chatbots.
Kano reconoce que su relación es frágil y que la tecnología es inestable.
Sabe que Klaus podría desaparecer si el sistema dejara de funcionar y afirma que intenta equilibrar su vida real con la digital. Bauman habló de un “amor líquido” propio de la posmodernidad: volátil, frágil y orientado a la conveniencia. Hoy parece surgir un “amor digital”, igualmente inestable y utilitarista, reflejo de una era hiperconectada que transforma nuestras nociones afectivas. El caso de Kano revela un síntoma de este tiempo: la búsqueda de vínculos sustitutos en un mundo cada vez más solitario.

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