“Queremos compartirles nuestra palabra y nuestro sentir como pastores que caminamos con ustedes, que escuchamos sus dolores, que compartimos sus esperanzas y que, unidos en Cristo, buscamos ser instrumentos de consuelo y de profecía. Queremos que sepan que caminamos con ustedes, que somos pueblo con el pueblo, que, como pastores, somos también ovejas del rebaño del único Pastor, Jesucristo. Reconocemos con humildad que en algunas ocasiones no los hemos acompañado como es nuestro deber, por lo que pedimos perdón a Dios y a ustedes”. Así se expresaron los Obispos de México al terminar la Asamblea Plenaria CXIX, de la Conferencia Episcopal Mexicana, realizada del 10 al 14 de noviembre de 2025.
LA IGLESIA ES COMUNIÓN O NO ES NADA
El episcopado mexicano recordó que el Santo Padre León XIV ha insistido, desde el inicio de su pontificado, en dos ejes fundamentales que iluminan su caminar: la unidad de la Iglesia y la paz en el mundo, «No puede haber paz auténtica en el mundo si no hay comunión en la Iglesia. Y no puede haber verdadera comunión eclesial si la Iglesia permanece indiferente ante los clamores de un mundo herido por la violencia y la injusticia». Quisieron honrar la memoria de los más de 200 mil mártires que entregaron sus vidas defendiendo su fe. El México heroico de los cristeros que dieron su vida por una causa sagrada, por la libertad de creer y de vivir según su fe, todos ellos escribieron una página luminosa en la historia de la Iglesia universal y de la patria. El centenario del 2026 debe ser un examen de conciencia y un compromiso renovado. “Nuestros mártires nos preguntan hoy: ¿Estamos dispuestos a defender nuestra fe con la misma radicalidad?
Por otra parte, se extendieron para hablar de las realidades que no pueden callar en el contexto mexicano actual, “No lo hacemos desde una posición política ni partidista, sino desde la responsabilidad que se nos ha confiado como servidores del Evangelio. No podemos permanecer neutrales cuando está en juego la dignidad de las personas…
NOS DICEN…
“Que la violencia ha disminuido. Que se combate la corrupción. Que la economía va bien. Que se respetan las libertades. Que somos el país más democrático del mundo…, pero la realidad es otra. Por eso, hacemos un enérgico llamado a una conversión personal y social para alcanzar una verdadera transformación…Nosotros como pastores, no podemos permanecer indiferentes”.
Señalaron que lo expresado no lo hicieron con odio ni con resentimiento. Lo hicieron con la firmeza que brota del amor. Porque aman a este pueblo del que son parte. Porque aman a su nación. Y precisamente por ese amor no pueden callar ante lo que está mal.
“Pudiera parecer que este diagnóstico de la realidad nos lleva al pesimismo. Pero no es así. Porque la esperanza cristiana no consiste en cerrar los ojos ante el mal, sino en mantenerlos abiertos reconociendo que Cristo ha vencido al mal con el bien. Solo reconociendo nuestros errores podemos corregirlos…
Los Obispos mexicanos no tenemos la solución; pero estamos dispuestos a buscarla en diálogo con todos los que verdaderamente amen a México, más allá del partido político en el que militen, de la ideología que los inspire o del credo religioso que profesen. Entre tanto, sigamos construyendo juntos, con Cristo Rey como única y verdadera esperanza de México, con ados en que Santa María de Guadalupe nos conduce hacia un futuro de justicia, paz y reconciliación.”
