FABIÁN ACOSTA RICO | UNIVA

Hace unos meses, los misiles de Israel caían sobre la capital iraní. Hoy, Teherán vuelve a ser noticia por razones más afables: una nueva estación de su metro lleva el nombre de Virgen María, y en su pabellón destaca un bajorrelieve de la Madre de Jesús.
El hecho parece casi milagroso. En una nación islámica como Irán, la ley coránica permite cierta tolerancia hacia las religiones de raíz judeocristiana, aunque en la práctica el Estado chiita impone restricciones y controles que rayan en la persecución. Ser cristiano no está prohibido, pero manifestar públicamente la fe o hacer proselitismo se considera un acto de apostasía, castigado por la justicia civil y religiosa. Aun así, se estima que más de 800 mil cristianos practican su religión en la clandestinidad o en el ámbito doméstico.
¿Sorprende entonces este gesto de las autorid a d e s iraníes? Algunos analistas creen que el régimen delos ayatolás intenta proyectar una imagen de tolerancia religiosa y apertura. El pasado 18 de octubre circularon en redes sociales fotografías de la Línea 6 del metro de Teherán, ubicada a unas cuadras de la Catedral Armenia de San Sarkis. Las imágenes mostraban frescos, relieves y cúpulas decoradas con alusiones a María, figura también venerada en la tradición islámica chiita.

MARÍA EN UNA NACIÓN ISLÁMICA
Este detalle explica la aparente contradicción de encontrar una imagen mariana en el metro de una nación islámica. Y es que el solo hecho de representarla resulta sorprendente, no por lo que significa, sino porque en el islam, más cercano al espíritu hebraico, se evita la representación visual de lo sagrado como prevención del antiguo culto a los ídolos. Sin embargo, los iraníes, de tradición persa, no son tan reacios a las imágenes como los sunitas de Arabia Saudita.
Además, la figura de María no les es ajena. En el Corán, la única mujer mencionada por su nombre es precisamente ella, y su nombre aparece más veces que el de Jesús (Isa). El capítulo 19 del Corán, la Sura Maryam, relata su virginidad y cómo concibió a Jesús sin intervención humana. El texto sagrado la llama “elegida sobre todas las mujeres del mundo” (Corán 3:42), exaltando su santidad y su papel como modelo de fe y obediencia.
Pese a esta veneración, Irán sigue siendo un país donde se debe guardar discreción al profesar creencias distintas al islam oficial. De no hacerlo, se arriesga prisión. Por eso, dedicarle una estación del metro a la Virgen María es un gesto que puede verse como un acto de apertura simbólica o como una estrategia de imagen política.
En cualquier caso, no deja de ser significativo. En la historia de México, la Virgen María también ha actuado como mediadora entre culturas y pueblos enfrentados.
Quizá la estación de metro dedicada a su nombre no sea un milagro, pero sí una señal de esperanza: la imagen sublime de la Madre de Jesús que, desde lo más cotidiano —una estación subterránea—, recuerda que aún es posible encontrar puntos de encuentro en un mundo dividido y sumido en la desconfianza y los radicalismos.
Asimismo, la Virgen de Guadalupe, Madre de la Nación Mexicana, tendió un puente entre el mundo indígena y el español, entre lo terrenal y lo divino. Del mismo modo, la figura de María —amada por católicos y respetada por musulmanes— podría convertirse en un símbolo universal de diálogo y paz entre Oriente y Occidente, entre el islam y el cristianismo.
