Inicio Cultura y FormaciónLa palabra del DomingoLa bondadosa paciencia de Dios nos sostiene

La bondadosa paciencia de Dios nos sostiene

por Quetzali Hernández
0 comentarios

El Santo Evangelio que nuestra Santa Madre Iglesia dispone hoy en la mesa de la Sagrada Eucaristía, tiene por objeto llamar a la conversión y, al mismo tiempo, revelar el hondo misterio de la inmensa bondad de Dios, que nos sostiene con su paciencia (Lc 13, 1-9).

Para san Lucas, sensible historiador de la salvación, el diálogo que Dios mantiene con los hombres se verifica en los entresijos de la historia, a través de los acontecimientos de todo orden que tejen nuestra vida. Los acontecimientos, por tanto, deben ser recibidos como maestros venidos de las manos de Dios, incluso aquellos que en apariencia no responden a lógica alguna, como el brutal asesinato en masa perpetrado por el procurador de Judea: “En aquel tiempo algunos hombres fueron a ver a Jesús y le contaron que Pilato había mandado matar a unos galileos, mientras estaban ofreciendo sus sacrifi cios” (v. 1).

La reacción de Jesús es muy original, pues lejos de respaldar la interpretación común que solía creer que semejantes sucesos respondían a la mala conducta de las víctimas, indujo a reflexionar, para que la trágica suerte de aquellos galileos cuestionara a quienes se preguntaban por ella (véanse vv. 2-4). Al extremo que no obstante el cruento y sacrílego suceso, desde la perspectiva de Jesús, es menester que sus discípulos lo asuman como motivo y vía de discernimiento. Si bien los signos de los tiempos aparte de ser una llamada al análisis intelectual, son una exigencia de compromiso, de servicio a los demás. Los signos de los tiempos ante todo son una exhortación a la conversión, porque: “si ustedes no se arrepienten perecerán de manera semejante” (v. 5).

La Biblia se complace en contar historias: “Oh Dios, nuestros oídos lo oyeron, nos lo contaron nuestros padres, la obra que hiciste en su tiempo, antiguamente”’ (Sal 44, 2). Jesús, digno hijo de su pueblo, es un maestro de la narración y, como el evangelista acostumbra hacer en su obra, lo presenta ilustrando su enseñanza con una parábola:

“Un hombre tenía una higuera plantada en un viñedo; fue a buscar higos y no los encontró. Dijo entonces al viñador: ‘mira, durante tres años seguidos he venido a buscar higos en esta higuera y no los he encontrado. Córtala ¿Para qué ocupa
la tierra inútilmente?’ (vv. 6-7).

Muy apreciables lectores, para actualizar el Evangelio del día de hoy, los invito a reflexionar, en clave de gratitud, en el tiempo de gracia que aparece en la conclusión de la parábola, cuando el viñador abogó por el arbolito, revelando así la bondadosa paciencia de Dios que nos sostiene, motivándonos a descubrir el misterio escondido en el corazón de los acontecimientos, pero simultáneamente nos conmina a la conversión.

“Señor, déjala todavía este año; voy a aflojar la tierra alrededor y echarle abono, para ver si da fruto. Si no, el año que viene la cortaré” (vv. 8-9; véase Lc 4, 19).

También te puede interesar