
Ramiro Escoto Ratkovich
Se cumplió un año de la elección del Papa León XIV. Por decir lo menos, sigue aprendiendo el “oficio” de ser Pontífice, por lo que tratar de describir cómo es el día a día de Robert Francis Prevost sería poco más que arriesgado. Consultamos a un cercano del Santo Padre, se trata de César Piscoya, un viejo amigo, quien asegura que el día para él comienza a las 4 de la mañana, no importando incluso si la jornada anterior tuvo desvelo. Prevost, dice, siempre ha sido discreto, y al comenzar sus actividades tiene un encuentro diario en la capilla.
El testimonio coincide con el de su hermano, John Prevost, quien hace unas semanas concedió una entrevista para el National Catholic Reporter, donde aseguró que su rutina sacerdotal no ha desaparecido en los rezos de la Liturgia de las Horas por ejemplo, y ya como Agustino, la recitación a los momentos establecidos.
ENTRE PALACIOS APOSTÓLICOS
A diferencia de los Papas Juan Pablo II y Francisco que celebraban Misa matutina en las capillas pontificias, entre los palacios apostólicos y Santa Marta, a las que asistían invitados y personas de la comuna de Roma, León XIV no ha institucionalizado aún esa práctica, y ya sea que oficie en su capilla privada para los servidores de la curia, o en algunas ocasiones se traslada a las congregaciones para celebrar ahí la Eucaristía en presencia de seminaristas, Obispos y Cardenales.
La mañana del Papa se dedica luego a las audiencias oficiales, cuya lista publica la Santa Sede todos los días al mediodía, excepto los martes, su día de descanso. Nuncios apostólicos, jefes de Estado, mecenas, Obispos, organizaciones benéficas, prefectos de dicasterios, comunidades religiosas, embajadores… el Papa encadena una cita tras otra, a menudo hasta una decena.
Las entrevistas son a puerta cerrada, pero el Pontífice también pronuncia discursos públicos ante delegaciones importantes, a razón de una decena en promedio cada semana. El Papa número 267 recibe a sus visitantes en su despacho, en el tercer piso del Palacio Apostólico, para las delegaciones pequeñas, y en diversas salas del Vaticano para los grupos más numerosos (sala Clementina, sala Real o salón de las Bendiciones).
TIEMPO PARA TODOS
La agenda pontificia también se rige por eventos fijos y prácticamente inmutables desde hace casi un siglo.
Los miércoles por la mañana, León XIV preside la audiencia general, durante la cual imparte una catequesis ante miles de fieles, en la Plaza de San Pedro o en la Sala Pablo VI, según el clima. Al término de este encuentro, durante casi dos horas, saluda a las filas de personas que han conseguido un preciado boleto para la sesión del bacciamano (beso de mano), intercambiando unas breves palabras con unos y otros, posando —en raras ocasiones— para selfies y recibiendo regalos de todo el mundo.
Los domingos, al mediodía, el Papa reza el Ángelus desde la ventana del Palacio Apostólico que da a la Plaza de San Pedro.
La jornada del Papa continúa, en gran parte, en su despacho. Montones de expedientes que revisar, correos electrónicos que leer, montones de cartas que firmar, «fogli d’udienza» que aprobar (nombre que reciben las notas preparadas por los funcionarios de los dicasterios sobre todos los asuntos que requieren una decisión pontificia)… La lista es larga.
También es el momento de sus llamadas a su familia, al otro lado del Atlántico. Su hermano John asegura que habla con él todos los días. En la segunda parte del día, el Papa también recibe invitados de manera más informal. El escritor alemán Andreas Englisch cuenta que pasó una hora en privado con el sucesor de Pedro en un ambiente «relajado», a última hora de la tarde, de las 17:23 a las 18:31, según relata con precisión de relojero.
AL FINAL DEL DÍA
El Papa comparte la cena con su secretario peruano, el Sacerdote Edgard Rimaycuna. El jefe del microestado no tiene cocinero, según su hermano John: «Se preparan la comida ellos mismos […]. Depende de la agenda: si no tienen tiempo de cocinar porque él llegó tarde, puede conformarse con un sándwich de mantequilla de cacahuate o un plato de cereales».
Por la noche, trabajo y juegos en línea. Todos coinciden en decirlo: León XIV trabaja hasta altas horas de la noche. Algunos prefectos reciben sus mensajes a horas tardías. «A veces se ve una notificación de WhatsApp a las 23:30», comenta un funcionario que ha sido testigo de estos intercambios con el sumo pontífice.
«Está más cansado que antes, se le nota en la cara. Simplemente intenta mantener la calma y acostarse a una hora razonable».
En cuanto a sus breves momentos de descanso, según el segundo de los hermanos Prevost, «siempre ve mucho fútbol», y se dedica a juegos de letras en línea. Cuando tiene insomnio, el primer Pontífice conectado de la historia juega a Words with Friends, o incluso se le ha visto aprendiendo alemán en Duolingo a las 3 de la madrugada. Papa, sí, pero también hombre.
