BARUCH RUÍZ
3º DE FILOSOFÍA
Para nosotros, como cristianos, el tema de la muerte es un tema el cual marca un parteaguas y, algunas veces, genera ciertas dudas. Humanamente hablando, sabemos que es un proceso biológico; todos pasaremos por ese ciclo, al ser una de las etapas que recorre todo ser viviente. Existe una diferencia muy amplia entre la concepción que tiene un creyente y una persona que no profesa alguna religión.
Toda persona, en algún punto de su vida, puede preguntarse qué es lo que acontecerá después de partir de este mundo terrenal. Lo que marcará un punto crucial, es aquello en lo que nosotros, como cristianos, hemos puesto nuestra esperanza.
Para el cristiano, su esperanza se encuentra en Cristo, donde podemos tomar de referencia la cita bíblica de Juan 11,25: “Yo soy la resurrección y la vida. El que cree en mí, aunque muera, vivirá”. Con esto podemos dejar en claro una promesa que Cristo nos hace a cada uno de nosotros, la existencia de una resurrección que trasciende más allá de nuestra finitud, y que lleva la vida del hombre a la plenitud.
En nuestra profesión de Fe que realizamos en el Credo, creemos en la resurrección: “Creo en la resurrección de la carne”. Con estas palabras afirmamos la esperanza de la resurrección, que implica también la totalidad de nuestro ser. El cuerpo, al ser templo del Espíritu Santo, se vuelve una parte sagrada del hombre, y con esto podemos tomar como referencia el numeral 990 del Catecismo de la Iglesia, que nos dice que después de la muerte no habrá solamente vida del alma inmortal, sino que también nuestros cuerpos mortales volverán a tener vida.
Es claro que la muerte es un proceso doloroso, y esto nos lo muestra el mismo Cristo, que lloró ante la tumba de su amigo Lázaro. Esto nos habla de una separación difícil que experimentamos al perder a un serquerido. Pero nuestra fe nos debe conducir a comprender que la muerte no tiene la última palabra cuando ponemos nuestra esperanza en Cristo, y así poder hacer vivas las palabras de san Pablo en Filipenses 1,21: “Porque para mí la vida es Cristo, y la muerte una ganancia”.
