ALFONSO EDUARDO MARTÍNEZ LORETO/1RO TEOLOGÍA

Cada año, cuando el calendario litúrgico se viste de tonos morados y la Iglesia entera vuelve su mirada hacia la venida del Señor, el Seminario se convierte en un espacio privilegiado para vivir con particular intensidad el Adviento. Esta convicción también se acrecienta por medio de elementos visibles: la corona de Adviento, los nacimientos, los árboles navideños y demás adornos aparecen en nuestras casas de formación como signo de esperanza, y se vuelven un continuo recordatorio para alegrarnos por el «Rey que viene». En el Seminario se busca que todos, formadores y alumnos, preparemos el interior para recorrer estecamino del Adviento, animados a ser reflejo del amor de Dios y respuesta para el hombre de hoy.
En beneficio de nuestra formación, vivimos un momento de retiro espiritual de Adviento; este año, particularmente en el Seminario Mayor, se ha optado por vivir un desierto espiritual, experiencia de la vida que consiste en guardar absoluto silencio durante un día para dejar que Dios sea el que hable, tome la batuta y guie nuestro porvenir. No obstante, las actividades continúan: oración, clases, estudio, deporte, trabajo, pero se espera de nosotros una respuesta diferente, viviendo cada parte de la jornada animados por la esperanza de la Navidad.
Dentro de este tiempo litúrgico se hizo un paréntesis para celebrar el acontecimiento que une a toda una nación y que ha forjado la fe del mexicano: la Solemnidad de Nuestra Señora de Guadalupe. Como se vivió en muchas de nuestras comunidades, también el Seminario se ensanchó para celebrar a Nuestra Madre del Cielo. Fue un día de inmensa alegría, puesto que, saliendo de la rutina, procuramos un ambiente de convivencia, deporte, de alabanza y recogimiento, en un clima de profunda solemnidad, especialmente en la Celebración Eucarística y en el rezo del Rosario.
De manera especial, en el Seminario nos congratulamos con aquellos que, ya en etapas más avanzadas de la formación, siguen respondiendo con generosidad al primer llamado que recibieron de Dios: en los próximos domingos de Adviento, algunos seminaristas serán admitidos como candidatos a las Órdenes Sagradas, otros recibirán los ministerios instituidos de Lectorado y Acolitado, y terminamos el Adviento ofreciéndole a la Iglesia el don de nuevos diáconos, que serán ordenados el próximo 24 de diciembre, y sin duda, son imagen de esperanza, pues ahora dicen con fe y convicción: “Aquí estoy Señor, vengo a hacer tu voluntad”
El Adviento aviva nuestra vocación: al esperar a Cristo, renovamos el deseo de servirle con fidelidad. En estos días, surge una esperanza, que Dios sigue llamando hoy, y que responderle cada día es nuestro mayor gozo.

