Hermanas y hermanos en el Señor:
Estamos iniciando el Año Jubilar 2025, anunciado por el Papa Francisco. Este acontecimiento no nos distrae del Plan Diocesano de Pastoral de la Arquidiócesis de Guadalajara que estamos llevando, sino que fortalece el proceso del mismo, porque el tema que ha elegido el Santo Padre para este año de gracia es la esperanza, ya que vemos un mundo necesitado de la esperanza cristiana, no solo la que se basa en metas humanas o adquisiciones materiales, sino en la esperanza trascendente en el bien supremo, que es Dios.
Nos invita el Papa a que seamos “peregrinos de esperanza”. Los discípulos debemos ser “peregrinos de esperanza” en la vida y en el mundo.
En el Mensaje para la Jornada Mundial de la Paz 2025 (que celebramos cada primero de enero) que el Pontífice dirige al mundo, encontramos la siguiente frase: “La esperanza nace de la experiencia de la misericordia, que es siempre ilimitada”. Parece que la hubiera escrito para nosotros, en esta Diócesis, que llevamos a cabo la Gran Misión de la Misericordia.
Para las personas de sectores marginados, que son una de las prioridades en el trabajo pastoral en Guadalajara, es fácil entender que ellas viven cargadas de desesperanza, pero en la medida que les acerquemos la misericordia de Dios en actos y en actitudes concretas, y experimenten la cercanía y la caridad, renacerá su esperanza.
Cuando ellas experimentan que llega un hermano que les tiende la mano y las acompaña, van a sentir que Dios no las abandona, como a lo mejor pensaban en su corazón, sino que Él camina a su lado; la prueba de esto es la solidaridad de un hermano.
Pensemos en nuestra vida personal, cuando caemos en
algún pecado, se viene abajo la esperanza, disminuye la ilusión de ser mejores, y parece que no avanzamos, pero cuando experimentamos la misericordia de Dios en medio de nuestras limitaciones, entonces renace en nosotros la esperanza caída, porque el Señor nos abraza y nos perdona, y nos animamos a seguir luchando por alcanzar la santidad. Esto es lo que hay que vivir. Para que esta virtud sea una realidad, tiene que nacer de la experiencia del amor.
Esforcémonos por implementar más las obras de misericordia en nuestras comunidades, especialmente en aquellos sectores que tenemos como prioritarios, pero también en aquellos que son parte de nuestra comunidad y que no viven la experiencia del amor y la misericordia de Dios.
El misterio de la Encarnación es, precisamente, la respuesta amorosa de Dios a nuestra humanidad dañada por el pecado, por el mal. Por eso se hizo hombre el Hijo eterno del Padre, por eso se hizo carne en el seno purísimo de la Virgen María y por eso nació, para rescatarnos de la esclavitud del mal.
En la Navidad ha renacido la esperanza de nuestra humanidad, porque es la expresión más pura y concreta del amor misericordioso de Dios.
La última encíclica del Papa Francisco, “Dios nos ha amado”, que debemos leer, viene a fortalecer nuestro trabajo pastoral en Guadalajara, y a alentar la vivencia del Año Jubilar que estamos iniciando.
Dejémonos tocar, pues, por el corazón misericordioso de Jesucristo.
Yo les bendigo en el Nombre del Padre, y del Hijo y del Espíritu Santo.
