Pbro. Víctor Jesús Núñez Radilla
Diócesis de Acapulco

El huracán Erick tocó tierra en los estados de Oaxaca y Guerrero como categoría 3 en la escala de Saffir-Simpson, dejando una estela de destrucción y preocupación en su camino. La gente de estas regiones, aún convaleciente de los estragos de Otis categoría 5 de octubre de 2023, se enfrentó a una nueva prueba de resistencia y fe.
Las lluvias torrenciales y los vientos huracanados azotaron la costa, causando daños en viviendas, carreteras y servicios públicos. La preocupación se apoderó de la población, que temía por la seguridad de sus seres queridos y la pérdida de sus bienes.
Sin embargo, en medio de la adversidad, la esperanza comenzó a surgir. La gente se unió para ayudar a los más necesitados, brindando apoyo y solidaridad a aquellos que lo perdieron todo. La fe en la providencia de Dios también se hizo presente, ya que muchos buscaron consuelo en la oración y la reflexión.
A medida que pasaban las horas, la magnitud de los daños comenzó a hacerse evidente. Las autoridades informaron lamentablemente de dos fallecidos: Un menor de edad en el estado de Guerrero en la localidad de San Marcos, después de ser arrastrado por un arroyo cuando su madre intentó cruzarlo con él en brazos; y una persona adulta, que murió electrocutada en el estado de Oaxaca, en el municipio de San Pedro Pochutla, mientras ayudaba en tareas de remoción de escombros y manipuló cables de alta tensión.
La ayuda de la Iglesia, organizaciones civiles y gubernamental, no se hizo esperar. Se habilitaron refugios temporales en templos y escuelas, se siguen distribuyendo víveres y suministros de primera necesidad. La solidaridad de la gente es palpable, ya que muchos se están ofreciendo como voluntarios para ayudar en las tareas de rescate y reconstrucción.
La Cruz Roja Mexicana ha desplegado equipos de rescate y atención médica para ayudar a los hermanos afectados.
El Arzobispo de Acapulco Mons. Leopoldo González envió un mensaje al presbiterio: “Muchas gracias por su corazón abierto a la necesidad de nuestros hermanos en la Costa Chica”, así mismo, dio instrucciones al Vicario Episcopal de esta región P. Gregorio Ríos Fajardo, para organizar el apoyo en despensa, medicinas y ropa a los hermanos damnificados, así como al P. Leonardo Morales, Coordinador de Caritas Diocesana, para hacer un recuento de necesidades apremiantes y estudiar el camino práctico para hacer llegar la ayuda.
A pesar de los desafíos, la gente de Oaxaca y Guerrero se muestra resiliente y determinada. La experiencia del huracán Otis nos ha enseñado a estar preparados y apoyarnos mutuamente en momentos de crisis.
La ayuda y el apoyo continúan llegando. La gente se organiza para empezar a reconstruir sus hogares y comunidades.
La fe en la providencia de Dios sigue siendo una fuente de consuelo y fortaleza.
En medio de la destrucción y el dolor, la esperanza y la solidaridad brillan como faros de luz. El pueblo de Oaxaca y Guerrero está demostrando que, incluso en los momentos más difíciles, la fe y la unión pueden hacer la diferencia en este camino hacia la recuperación y la reconstrucción.

