Inicio Cultura y FormaciónLa palabra del Domingo¡La gratitud es la memoria del corazón!

¡La gratitud es la memoria del corazón!

por Quetzali Hernández
0 comentarios

Juan López Vergara

Nuestra Madre Iglesia presenta hoy en la mesa de la Eucaristía, un aleccionador pasaje exclusivo del Santo Evangelio según San Lucas, en el cual Jesús, el Maestro, revela su preciosa compasión. En este pasaje se nos muestra la nobilísima virtud del agradecimiento, que entraña la memoria del corazón, como la respuesta confiada del hombre ante la gracia de Dios que siempre le precede (17, 11-19).

EN LA OBEDIENCIA A LA LEY HALLARON SU ALIVIO

El evangelista relata que, yendo Jesús de camino a Jerusalén, salieron a su encuentro diez leprosos, quienes se detuvieron a lo lejos, pues estaba prescrito que vivieran aislados (compárense vv. 11-12 y Lv 13, 46). Enseguida, exclamaron, “Jesús, Maestro, ten compasión de nosotros” (v. 13). En el tercer Evangelio, hasta ahora, sólo se habían dirigido a Jesús como ‘Maestro’ sus discípulos (compárense Lc 5, 5; 8, 24; 9, 33). El Maestro, entonces, los miró y les ordenó: “‘Vayan a presentarse ante los sacerdotes’. Mientras iban de camino quedaron limpios de la lepra” (v. 14). En la obediencia a la Ley, como les indicó Jesús, el Maestro, hallaron su alivio.

JESÚS, EL MAESTRO, REVELA SU PRECIOSA COMPASIÓN

Sin embargo, llama la atención que le sucediera lo mismo a uno de los leprosos que era samaritano, considerado: ‘extranjero’ (compárense vv. 16 y 18). El dolor compartido por el aquel grupo de menesterosos fue capaz de romper la barrera del odio, “los judíos no se tratan con los samaritanos” (Jn 4, 9).

El evangelista subraya que en Jesús el camino de la salvación está abierto a todos, incluso a los excluídos de Israel. Este milagro no significa únicamente una curación física, sino una restauración en la vida social de su pueblo. La acción de Jesús consistió en abrir comunicación, donde la excomunión estaba a la orden del día, para los pecadores públicos, recaudadores de impuestos, prostitutas, en fin, todos aquellos marcados con el estigma de ‘impuros’. Al actuar así, Jesús era consciente de obrar igual que Dios: volviendo su rostro hacia quienes como aquellos leprosos se sentían perdidos y vulnerables. Jesús, nuestro queridísimo Maestro, revela su preciosa compasión, testificando que tiene un corazón que no le cabe en el pecho.

UN EXTRANJERO AGRADECIDO AL MANIFESTAR SU FE ENCONTRÓ LA SALVACIÓN

El centro de interés del relato radica en la actitud agradecida de un extranjero dispuesto a reconocer la bondad de Dios que actuaba en Jesús: “Uno de ellos, al ver que estaba curado, regresó, alabando a Dios en voz alta, se postró a los pies de Jesús y le dio las gracias. Ése era un samaritano” (vv. 15- 16). Jesús, sorprendido, se quejó:

“‘¿No eran diez los que quedaron limpios? ¿Dónde están los otros nueve? ¿No ha habido nadie, fuera de este extranjero, que volviera para dar gloria a Dios?’ Después le dijo al samaritano: ‘Levántate y vete. Tu fe te ha salvado’” (vv. 17-19).

Y precisamente, el agradecido extranjero al manifestar su fe en Jesús encontró la salvación.
Muy apreciables lectores, para actualizar la Palabra de Dios, ofrecida el día de hoy, los invito a meditar en profunda oración, que la gratitud es la memoria del corazón.

También te puede interesar