
El Evangelio que nuestra Madre Iglesia celebra hoy, muestra el misterio profundísimo de las tentaciones enfrentadas por el Señor Jesús. Estas pruebas, el Señor Jesús, las venció mediante la interpretación verdadera de la Palabra de Dios, conducido y lleno del Espíritu (Lc 4, 1-13)
EL ENEMIGO PROBÓ A JESÚS; POR EL CONTRARIO, EL ESPÍRITU LO IMPULSÓ DESDE SU INTERIOR
Jesús conducido por el Espíritu “se internó en el desierto, donde permaneció durante cuarenta días y fue tentado por el demonio” (vv. 1-2a). En el desierto se dieron cita el misterio del mal y el misterio del bien. En el desierto, lugar de soledad, vivió Jesús la espantosa experiencia del vacío: “No comió nada en aquellos días, y cuando se completaron sintió hambre” (v. 2b). ¡Nuestra fe cristiana vibra en el entrañable misterio de la humildad del hombre venido de Dios! (compárese Jn, 1, 1-14)
El enemigo probó a Jesús; por el contrario, el Espíritu lo impulsó desde su interior.
JESÚS, LLENO DEL ESPÍRITU, INTERPRETÓ CON VERDAD LA PALABRA DE DIOS
El demonio, se propuso, entonces, trastornar las buenas relaciones entre Dios y Jesús, y empezó por servirse del hambre como tentación (véase v. 3). Pero Jesús recurrió a la Palabra de Dios y le contestó: “Está escrito: ‘No sólo de pan vive el hombre’” (v. 4).
El demonio, príncipe del engaño, lo llevó después hacia una altura y le mostró todos los reinos, prometiendo entregárselos si se postraba delante de él (véanse vv. 5-7). De nuevo Jesús libró la tentación acudiendo a la Palabra de Dios: “Esta escrito: ‘Adorarás al Señor, tu Dios, y a Él sólo servirás’” (v. 8).
El demonio, el gran confusor, por último, lo condujo a Jerusalén a la parte más alta del templo y haciendo mal uso de la Palabra de Dios tentó a Jesús (véanse vv.9- 10). El sentido de la Sagrada Escritura es torcido El demonio, se propuso, entonces, trastornar las buenas relaciones entre Dios y Jesús, y empezó por servirse del hambre como tentación (véase v. 3). Pero Jesús recurrió a la Palabra de Dios y le contestó: “Está escrito: ‘No sólo de pan vive el hombre’” (v. 4).
El demonio, príncipe del engaño, lo llevó después hacia una altura y le mostró todos los reinos, prometiendo entregárselos si se postraba delante de él (véanse vv. 5-7). De nuevo Jesús libró la tentación acudiendo a la Palabra de Dios: “Esta escrito: ‘Adorarás al Señor, tu Dios, y a Él sólo servirás’” (v. 8).
El demonio, el gran confusor, por último, lo condujo a Jerusalén a la parte más alta del templo y haciendo mal uso de laPalabra de Dios tentó a Jesús (véanse vv.9- 10). El sentido de la Sagrada Escritura es torcido por el demonio, pero Jesús interpretando con verdad la Palabra de Dios y, lleno del Espíritu, respondió: “No tentarás al Señor, tu Dios” (v. 12).
LA OBEDIENCIA Y LA HUMILLACIÓN ES EL CAMINO DE JESÚS
San Lucas, el autor del tercer evangelio, muestra así que Jesús: el Mesías y Siervo de Dios, se negó aceptar tentar a Dios, pues comprendió que la obediencia y la humillación eran el camino que tenía que recorrer.
Los invito a iniciar la Cuaresma, siguiendo el ejemplo de Jesús, quien recurrió a la Sagrada Escritura como escudo ante la tentación, tomando conciencia cómo Dios desplegó su providente solicitud, mediante las frases de la Escritura anidadas en la memoria fiel de Jesús, a través del Espíritu que actúa en su interior: “La letra mata, mas el Espíritu da vida” (II Co 3, 6).
