Con cada año que inicia se abre un mar de posibilidades para cada persona, sea consciente de esto o no.
No conocemos lo que va a pasar a lo largo de los próximos 12 meses pero, sin duda, serán acontecimientos que no nos dejarán igual que como terminamos 2025.
Muchos, por desgracia, habrán dejado (o habremos -no sabemos, no tenemos bola de cristal-) este mundo.
Para otros -esperando que no fuera para nadie- se les vendrán (o nos vendrán) di cultades de diferente índole. Unas, superables; otras, permanentes. Es la realidad, por desgracia.
Pero también, a tantos, se les abrirán caminos de éxito y de mejora en diversos aspectos de su vida. Ojalá que para todos así fuera.
No siempre estos acontecimientos, buenos, desagradables o tristes, son consecuencia propia. Cada quien sabe qué hizo o dejó de hacer para provocarlos.
Algunos, de acuerdo -incluso- a sus preferencias (y dicen, además, fundamentados) vislumbran que no esperan un buen año, como ven las decisiones de los poderes federales (el Nuevo Modelo de Transparencia, la Reforma Electoral, la Reforma Fiscal, el cuestionable y opaco Mundial de Futbol…), porque controlan el Ejecutivo, el Legislativo y el Judicial, por lo que los (nos) tienen temblando.
Habrá quiénes, esperanzados en seguir recibiendo dádivas del gobierno, gracias al mito del Bienestar, continuarán en el mismo estilo de vida. Quién sabe si, en realidad, este tipo de apoyos los ayudan a salir de su situación vulnerable de una forma permanente.
Lo que sí nos queda claro es algo que nadie puede evadir, la libertad y la responsabilidad con las que afrontemos 2026, independientemente de que los sucesos nos alienten o nos desanimen.
La libertad practicada de manera positiva nos lleva a ser responsables con lo que decidimos hacer. Como escribió el FIlósofo francés René Deescartes: “La principal perfección del hombre consiste en tener libre arbitrio, que es lo que lo hace digno de alabanza o censura”.
Podemos quejarnos, y hasta con razón, de que la mayoría de quien ha llegado al poder, sea del partido que fuera (lo único que los ha distinguido es el tiempo en que mandan) han promovido la libertad para actuar como ellos la entienden, y que se ha identificado con corrupción e impunidad, porque “la libertad sin sabiduría se convierte en el mayor de los males” (Edmund Burke, irlandés), y porque “la libertad es un vino generoso que trastorna los cerebros débiles”, según el suizo historiador Simonde de Sismondi.
Al empezar el año puede ser fácil juzgar las acciones del otro, si ha llevado bien o no su libertad, pero lo que nos debe interesar es hacer una introspección, identificarnos personalmente con lo que decía Albert Camus, que la libertad solo ofrece una posibilidad de ser mejor.
En este sentido, cobra todavía más importancia lo dicho por el Papa León XIV, en su mensaje Urbi et Orbi de Navidad, y que se debe aplicar a todo el año, en el que hace un llamado a reconocer nuestra responsabilidad en la construcción de un mundo mejor.
La libertad implica pensamiento y responsabilidad para actuar, y no caer en aquel dicho: “Quise darle al pueblo la libertad, pero olvidé preguntarle si quería ser libre».
