
Hoy celebramos la terminación del año litúrgico con la fiesta de Nuestro Señor Jesucristo: Rey del Universo, quien revela que la misericordia siempre tiene la última palabra. El Santo Evangelio que nuestra Madre Iglesia nos ofrece manifiesta el hondo misterio salvador de la cruz del Señor Jesús, invitándonos a reconocer su realeza justo en el momento en que lo vemos como un hombre humillado, abatido, cruci cado y muerto (Lc 23, 35-43).
¡QUÉ DIFERENTES RESPUESTAS!
El evangelista con destreza explaya en su relato las diferentes respuestas que provocó la crucifixión de Jesús:
1) Las autoridades, haciendo muecas, lo desafían: “A otros ha salvado; que se salve a sí mismo, si Él es el Mesías de Dios, el elegido” (v. 35).
2) Los esbirros, igualmente, en son de burla, lo increpan: “Si eres el rey de los judíos sálvate a ti mismo” (vv. 36-37).
3) De entre los malhechores que compartían la misma condena, uno lo insulta: “Si eres el Mesías, sálvate
a ti mismo y a nosotros” (v. 39).
4) El otro malhechor, por el contrario, se compadece de Jesús y lo defiende, respondiendo: “¿Ni siquiera temes tú a Dios, estando en el mismo suplicio? Nosotros justamente recibimos el pago de lo que hicimos. Pero éste ningún mal ha hecho” (vv. 40-41).
EL MALHECHOR ARREPENTIDO RECONOCIÓ LA DIVINA BONDAD DE JESÚS
El buen malhechor, no sin antes haber aceptado humildemente su culpa, orientando su mirada hacia Jesús y reconociéndolo como el Enviado de Dios, como su Rey, le rogaba: “Señor, cuando llegues a tu Reino, acuérdate de mí” (v. 42). Una aclaración significativa es que en el texto griego se refiere al Señor por su nombre: “Jesús”. ¡Él es el único en el evangelio de Lucas que así lo hace! Jesús, por su parte, fiel a su más profunda vocación, en la propia cruz muestra su inquebrantable actitud de glorioso servicio al abrirle las puertas al pecador arrepentido: “Yo te aseguro que hoy estarás conmigo en el paraíso” (v. 43).
Él malhechor arrepentido fue el único que dio la cara por Jesús, quien lo defendió abiertamente. Él murió en olor a santidad, escuchando unas palabras tan sorprendentes, que nos revelan que se encuentra ahora con Jesús en el paraíso. En fin, el malhechor arrepentido, quien reconoció la divina y sublime bondad del Señor Jesús: “Pero éste ningún mal ha hecho” (v. 41b), se presenta como el modelo a seguir.
¡JESÚS REINA DESDE LA CRUZ!
El evangelista tiene especial cuidado en reseñar que todo ello sucedió a la vista del pueblo y bajo un letrero escrito en tres idiomas que nos exige vislumbrar la enorme paradoja que entraña nuestra fe cristiana: “Éste es el rey de los judíos” (v. 38). ¿Acaso no es la muerte en cruz de Jesús la gran prueba de la fe? Al menos así lo manifiesta san Pablo: “Nosotros predicamos a un Cristo crucificado: escándalo para los judíos, locura para los gentiles” (I Co 1, 23).
¡Jesús reina desde la cruz!
Muy apreciables lectores, para actualizar el Santo Evangelio del día de hoy, los invito a re exionar unas palabras de nuestro queridísimo Santo Padre Francisco, quien ya se encuentra gozando en la Presencia del Señor, quien nos enseña que la misericordia tiene la última palabra:
“Ante la gravedad del pecado, Dios responde con la plenitud del perdón. La misericordia será siempre más grande que cualquier pecado y nadie podrá poner un límite al amor de Dios que perdona” (MV 3).
