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La noticia de su muerte

por Quetzali Hernández
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Laura Castro Golarte

Hasta ahora, a más de dos años de que se inauguró esta columna dedicada a fray Antonio Alcalde y Barriga, siervo de Dios, se ha hecho un recuento más o menos extenso de lo que ha sido la vida y la obra del conocido también como Fraile de la calavera, desde su llegada a territorio novohispano con algunas notas y anécdotas apenas de su vida en España, un aspecto todavía por investigar.

Habría qué imaginar qué tanto fue, aunque no era el mismo caso ni tuvo las mismas responsabilidades, pero sus aportaciones como educador, deben ser también notables. Por lo pronto, y para pasar a lo que han sido los memoriales del dominico, un resumen publicado en el libro que escribí y se titula Noticias del fraile de la calavera. Antonio Alcalde y Barriga en Guadalajara (Canaco, 2021):

“Tuvieron suerte los tapatíos de entonces, y la tenemos los de ahora, con la presencia de fray Antonio Alcalde en Guadalajara; un privilegio. En dos décadas de trabajo imparable, la feligresía conoció a un Obispo de carácter fuerte cuando se trataba de cumplir con los mandatos reales o de no hacerlo a pie juntillas u oportunamente, como cuando se tardó en integrar la Junta de Diezmos porque consideraba que era mejor incluso para el rey y su Real Hacienda; o de adelantarse a los designios de la Corona cuando inició sin miedo las obras del Santuario de Nuestra Señora de Guadalupe; al Obispo que trabajó de la mano, pese a quejas y extrañamientos con el Ayuntamiento y con la Real Audiencia, con los comerciantes y hacendados y a favor de mujeres, niños, enfermos, artesanos y otros trabajadores; y que soportaba estoico el dolor que le causaban piedras en el riñón o de tolerar heridas que no sanaban porque prefería no molestar al lego que lo servía que, por lo visto, no atendía bien al Obispo ya casi nonagenario”.

“En contraste, su rebaño conoció al pastor capaz de reírse de sí mismo, de hacer bromas sobre su inteligencia y su pobreza, de contar chistes y anécdotas a quienes llegaban a visitarlo; el que prefería quedarse sin comer antes que despertar al cocinero, pero sí podía saltarse el protocolo de rigor frente al regente de la ciudad…”.

El vigésimo segundo Obispo de Guadalajara no dejó de trabajar hasta el último suspiro. En 1792, el año en el que falleció, alcanzó a hacer una inauguración simbólica del Hospital Real de San Miguel de Belén, hoy el Hospital Civil que lleva su nombre; y quedó todo listo para la apertura de la Universidad de Guadalajara. También dejó dinero para el Sagrario Metropolitano, para las monjas capuchinas y para otras obras.

Fray Antonio Alcalde y Barriga tuvo reconocimiento en vida y, por referencias de la época, se sabe que su fama se llegó a conocer más allá de España en periódicos de Florencia aun cuando no ha sido posible encontrar el ejemplar; sí en cambio, en Madrid, el periódico en el que se publicó la noticia de su muerte.

Se conserva un documento manuscrito en el Archivo Histórico de la Arquidiócesis de Guadalajara, escrito por Manuel del Castillo Negrete el 15 de septiembre de 1792 –había pasado poco más de un mes del fallecimiento del Prelado– y la misma noticia se publicó en la Gazeta de Madrid el 31 de diciembre de 1793. La número 105 que se resguarda en la Hemeroteca del Ayuntamiento de Madrid. Esa noticia, larga, porque incluye información muy valiosa del trabajo de Alcalde, la iré presentando en este mismo espacio por partes, a partir de la próxima entrega:

“NOTICIA DE LA MUERTE, PIEDAD EXEMPLAR Y ZELO PASTORAL DEL Rmo. é Ilmo. Sr. D. Fr. ANTONIO ALCALDE, DEL ORDEN DE PREDICADORES, OBISPO QUE FUE DE YUCATAN Y GUADALAXARA EN INDIAS”.

Periodista e historiadora, docente de Historia de México en el ITESO.
Correo electrónico:
lauracastro05@gmail.com

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