JUAN LÓPEZ VERGARA
La Iglesia nos convoca a celebrar el Domingo de Ramos, en el cual exaltamos el deslumbrante reinado de Jesús, quien con sublime sencillez realizó su entrada triunfal en Jerusalén (Mt 21, 1-11). El Evangelio propuesto para hoy abarca casi dos capítulos, donde Mateo esboza su relato de la pasión, que se distingue, primordialmente, por presentar a Jesús encaminando sus pasos por la senda de la Palabra de Dios, dando testimonio de su humildad divina (Mt 26, 14 – 27, 66).
MATEO RESALTA LA CORRELACIÓN ENTRE JESÚS Y LAS ESCRITURAS
Jesús entró en la Ciudad Santa montado en un asno, como Zacarías había dicho de aquel apacible rey (compárese Mt 21, 6-7 y Za 9, 9). Los enemigos de Jesús se reunieron para ponerse de acuerdo y hacerlo perecer, evocando un salmo: “se conjuran contra mí, tratando de quitarme la vida” (Sal 31, 14 compárese: Mt 26, 3-5). Los sanedritas al igual que los enemigos del pastor zacariano pesan sus treinta monedas de plata (compárese Mt 26, 15 y Za 11, 12); que era el precio fijado en la Ley por la vida de un esclavo (véase Ex 21, 32). Mateo subraya así la correlación entre Jesús y la Escritura y, remata: “Todo esto ha sucedido para que se cumplieran las predicciones de los profetas” (Mt 26, 56).
“VERDADERAMENTE ÉSTE ERA HIJO DE DIOS”
Los actores de la pasión actúan como aparece en un salmo descriptivo del sufrimiento y la esperanza del Justo (compárense Mt 27, 35 y Sal 22, 19; Mt 27, 39 y Sal 22, 8; Mt 27, 43 y Sal 22, 9; Mt 27, 46 y Sal 22, 2). Mateo a la luz del comportamiento del personaje de Zacarías y del orante del salmo induce a sus lectores a ver la actitud de Jesús ante el drama de su pasión, no como la aventura de un condenado, cuanto la historia gloriosa del Hijo de Dios, como finalmente confiesan el centurión y los que estaban con él custodiando a Jesús: “Verdaderamente éste era Hijo de Dios” (Mt 27, 54 compárese con 26, 63-64).
SUS PASOS SON UN CAMINAR POR LA SENDA DE LA PALABRA DE DIOS
Me gusta mucho compartir una entrañable reflexión en torno al relato de la pasión a partir de su entrada en Jerusalén, realizada por el Santo Padre Benedicto XVI, un eminente teólogo, quien ahora se encuentra en la presencia del Padre, escrita en un bellísimo libro, convertido ya en un clásico: “Sus pasos son un caminar por la senda de la Palabra de Dios” (Jesús de Nazaret. Desde la entrada en Jerusalén hasta la Resurrección, pág. 15).
Apreciables lectores, para actualizar el mensaje del santo Evangelio del día de hoy, que celebramos el Domingo de Ramos, los exhorto a que contemplemos en profunda oración el texto paulino proclamado en la Segunda Lectura (Flp 2, 6-11). Este bellísimo himno, el cual inicia con la invitación a tener los mismos sentimientos de Cristo (véase Flp 2, 5), revela que el propio Hijo de Dios en su infinitud cupo en un mundo finito, porque se humilló a sí mismo hasta morir en la cruz, para que “todos reconozcan públicamente que Jesucristo es el Señor, para gloria de Dios Padre” (Flp 2, 11).
