
JUAN LÓPEZ VERGARA
Nuestra madre Iglesia coloca sobre la mesa de la Eucaristía un esperanzador pasaje del cuarto Evangelio, donde se revela que la enfermedad y la muerte no tienen la última palabra. Estas han sido superadas por Jesús, quien amó con corazón humano y, ante el bendito Rostro del Padre, es tal su confianza en Él, que le da gracias antes de resucitar a su querido amigo Lázaro, porque sabe que su Padre siempre lo escucha (Jn 11, 1-45).
JESÚS MOTIVÓ A SU AMADA DISCÍPULA A VER EN PROFUNDIDAD
El texto despliega una serie de contrastantes lecturas. La perspectiva de las hermanas, quienes preocupadas por la gravedad de Lázaro mandan llamar a Jesús: “Señor, el amigo a quien tanto quieres está enfermo” (v. 3). Jesús, en cambio, interpreta el milagro que sabe que está a punto de realizar como un signo: “Esta enfermedad no acabará en la muerte, sino que servirá para la gloria de Dios, para que el Hijo de Dios sea glorificado por ella” (v. 4). Además, ante el retraso de Jesús, Marta le dice que si hubiera estado allí su hermano no habría muerto (véase v. 21); si bien, su confianza es tal, que confiesa: “Pero aún estoy segura de que Dios te concederá cuanto le pidas” (v. 22). Jesús le responde que su hermano resucitará (véase v. 23). Marta, a su vez, le dice: “Ya sé que resucitará en la resurrección del último día” (v. 24). A lo que Jesús contestó: “Yo soy la resurrección y la vida. El que cree en mí, aunque haya muerto, vivirá; y todo aquel que está vivo y cree en mí, no morirá para siempre” (vv. 25-26a). Jesús, entonces, motivó a su querida discípula a ver en profundidad el signo que está a punto de realizar: “‘¿Crees tú esto?’. Ella respondió: ‘Sí, Señor. Creo firmemente que tú eres el Mesías, el Hijo de Dios, el que tenía que venir al mundo’” (vv. 26b-27). Declaración ratificada por Jesús cuando resucita a Lázaro, revelando así que la vida tiene la última palabra (véanse vv. 43-44).
JESÚS AMÓ CON CORAZÓN HUMANO
Ante la multiplicidad de mensajes, contemplemos lo concreto del misterio de la Encarnación, constatando que Jesús realmente brindó y gozó de la amistad: ¿Acaso no fue el amor de sus amigos el que suscitó la esperanza y la vida (véase v. 5)? El propio evangelista relata que ante lo acontecido: “Jesús se puso a llorar y los judíos comentaban: ‘De veras ¡cuánto lo amaba!’” (vv. 35-36).En uno de los documentos más bellos de nuestra queridísima madre y maestra: la Iglesia, se nos enseña que es de verdad significativo que Jesús: “Trabajó con manos de hombre, reflexionó con inteligencia de hombre, actuó con voluntad humana y amó con corazón humano” (GS 22).
JESÚS DIO GRACIAS A SU PADRE ANTES DE RESUCITAR A LÁZARO
Este hermoso texto del cuarto Evangelio nos revela que la vida de Jesús se constituye en una vibrante oración de gratitud, al levantar con semejante confianza sus ojos al Padre y darle gracias justo antes de resucitar a Lázaro:
“Padre, te doy gracias porque me has escuchado. Yo ya sabía que tú siempre me escuchas; pero lo he dicho a causa de la muchedumbre que me rodea, para que crean que tú me has enviado. Luego gritó con voz potente: ‘¡Lázaro, sal de allí!’. Y salió el muerto […] Muchos de los judíos que habían ido a casa de Marta y María, al ver lo que había hecho Jesús, creyeron en él” (vv. 41-45).
Apreciables lectores, para actualizar este bellísimo pasaje del Santo Evangelio del día de hoy, en el quinto domingo de cuaresma, siguiendo el ejemplo de Jesús: el Mesías, el Hijo de Dios, dispongámonos a hacer de nuestra vida, con plena confianza en el Padre del cielo, una oración de gratitud.
