La Palabra del Pastor

por Quetzali Hernández
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Cardenal José Francisco Robles Ortega, Arzobispo de Guadalajara

Un paso que compromete

(A los seminaristas que recibieron la sotana, en Tapalpa, Jalisco)

La imposición de la sotana que recibieron los seminaristas que actualmente cursan el año propedéutico, coincidió con la celebración de la fiesta de la conversión de san Pablo. Es providencial, porque el apóstol nos ofrece la experiencia de su vocación.

Todos los que somos discípulos de Cristo también podemos contar nuestra propia historia vocacional.

Cada uno de nosotros recibió la vocación de ser hijo de Dios en el Bautismo. Por eso es necesario que nos preguntemos, en primer lugar, cuál es el grado de compromiso que hemos alcanzado en este seguimiento y servicio de Jesús.

Los jóvenes que recibieron la sotana comenzaron a sentir la inquietud de seguir a Jesucristo en el seno de su familia, en su infancia, en el servicio del templo, posiblemente, y entre sus compañeros. Esa inquietud y ese deseo permanece. Por eso han venido dando pasos en su formación, y cada paso supone mayor conocimiento de Jesús que llama, y – además– que cada uno personalice este llamado, y tenga una mayor conciencia de su llamado.

Así como han dado pasos previos, ahora, con la toma de la sotana se debe asumir la formalidad del llamado que les hace el Señor, y que se debe reflejar en la seriedad y formalidad de una respuesta.

Esto no quiere decir que la sotana transforma a la persona en santo, en alguien perfecto, sino que este signo exterior va a recordar al seminarista que la recibe, que está dando un paso serio en el crecimiento de conocer más a Jesús, su Palabra, en entrar en una mayor intimidad con Él a través de la oración personal y comunitaria, dejar ir los defectos y crecer con el tiempo en aquellas virtudes que asemejen más al Maestro.

Este es el paso comprometido de ir creciendo, cada vez más, en la identidad con Cristo, el Buen Pastor, el único que puede invitar para que, unido a Él, luego se pueda pastorear –en su momento– en su nombre y en su persona a la Iglesia.
Este signo es un paso de integración con la persona de Jesucristo, para ser después su enviado, y hacerlo vivo y presente en el seno de la Iglesia, predicando su Palabra, administrando los Sacramentos y conduciendo al pueblo de Dios en la fidelidad y en el amor a Jesucristo.
A todos los demás bautizados, como discípulos de Jesús, nos corresponde acompañar a los seminaristas que toman la sotana con nuestra oración, para que respondan con mayor fidelidad y compromiso a la invitación que el Señor le ha hecho. Pidámosle a san Pablo que nos conceda la gracia de convertirnos en discípulos fieles de Jesús, y a la Virgen María, madre de nuestra vocación, que nos haga responder con mayor generosidad a este regalo que Dios nos ha dado.

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