
HERMANAS Y HERMANOS EN EL SEÑOR:
Tenemos la oportunidad de vivir la santa Cuaresma que nos prepara la Pascua de Resurrección de nuestro Señor Jesucristo. Es ese camino que nos lleva a renovar nuestra vida para morir con Cristo y resucitar con Él a la vida nueva.
Un misterio que ya se realizó en nuestro Bautismo, pero que hay que renovar, y que nos toca primero a nosotros, Sacerdotes. En la medida que vivamos el misterio de la muerte y resurrección en nuestra vida, vamos a ser responsables de caminar, impulsar y promover que el pueblo de Dios que se nos ha confiado viva también con intensidad su renovación de la vida cristiana.
Junto con nosotros debemos llevar a nuestras comunidades a vivir intensamente la conversión a través de la escucha y oración de la Palabra y, sobre todo, por la caridad. Iniciemos el camino cuaresmal teniendo como meta la Pascua del Señor, involucrándonos todos.
Pero ante el mundo que vivimos, tenemos que hacer una reflexión serena y honesta de la realidad. ¿Qué quiero decir? Nos damos cuenta que la realidad que vive la Iglesia, que vivimos todos, ha cambiado. Y ha cambiado profundamente.
El cambio no nos permite ser oportunos para muchos. El mensaje de la conversión no es interesante para todos, incluso dentro de nuestra misma Iglesia, de nuestras mismas comunidades.
El clima de la vivencia de la fe ha cambiado radicalmente; por eso, al entrar en esta dinámica de proponer el mensaje de la conversión -para prepararnos a la Pascua- tenemos que hacer un análisis sereno de nuestras comunidades, cómo viven los fieles la disponibilidad para acoger el mensaje.
Los Ejercicios Espirituales para jóvenes, para matrimonios, para adultos, ¿llegan -de verdad- a la realidad de las comunidades? Tenemos que hacer una reflexión serena pero muy honesta, en el sentido de que no nos podemos conformar con hacer un programa de Ejercicios Espirituales de acuerdo a determinados destinatarios, y que ya dependa de cada persona si los quiere o no.
Hay que ser honestos en el sentido de que la llamada que se nos ha confiado sí es a nosotros, Sacerdotes, pero nuestra misión es hacerla llegar a todos.
De esa reflexión serena y honesta de nuestra realidad, no es para que nos precipitemos y queramos dar soluciones inmediatas. Lo que buscamos es darnos cuenta de los cambios que se presentan en el mundo, y enfoquemos nuestra acción pastoral, sea en la predicación, sea en la promoción de los grupos, sea en las visitas domiciliarias, sea en la presencia de los barrios, es decir, ¿cómo hacer para hacer llegar el mensaje, la invitación a la conversión? De tal manera que llegue a todos.
Hay que aprender a leer con profundidad el momento que vivimos. No nos dejemos llevar por la rutina.
El marco cultural que nos ha tocado vivir ya lo conocemos, es verdaderamente secularista, por lo que el anuncio de la Palabra ya no tiene el mismo interés para las personas de hoy. La mirada del mundo está en muchas otras cosas, no le interesa tanto el tema religioso.
El secularismo, pues, está a la orden del día, además de la polarización que experimentamos a diario, en nuestro entorno social. (Continuará…).
YO LES BENDIGO EN EL NOMBRE DEL PADRE, Y DEL HIJO Y DEL ESPÍRITU SANTO
