
Jesús es nuestro salvador, nuestra esperanza, solo en Él tenemos la plenitud de la vida, ya desde ahora, y cuando termine nuestro peregrinar en este mundo.
La Iglesia fue creciendo por el aumento de los bautizados, pero también en la solución de las dificultades que esto originaba, para que esta institución sea la comunidad evangelizadora que el Señor quiere que sea.
San Pedro nos señala que todos formamos parte de la construcción espiritual de la Iglesia, de la que Jesús es la piedra fundamental, y nosotros somos piedras vivas adheridas a Cristo.
Además, el Señor nos dice: “No pierdan la paz”, porque Él es nuestra paz está vivo y presente ofreciéndonos la seguridad ya desde ahora, y esto nos da paz. Nos indica nuestra meta última, lo cual nos da esperanza y seguridad. Es para nosotros la verdadera vida.
Por otra parte, nos señala que en la Casa de su Padre hay muchas habitaciones, nos asegura que todos estamos llamados a vivir eternamente en el Cielo, porque hay lugar para todos, sin distinción. Todos estamos invitados.
En esta vida estamos inclinados, más bien, a las preferencias, queriéndonos asegurar un lugar en el evento, en el banquete, etc., pero Jesucristo no tiene exclusividades, sino que en la Casa de su Padre hay posibilidad para todos, nadie se queda sin la posibilidad de entrar.
Ésta es la salvación para todos, que nos mereció con su muerte y su resurrección. Dios quiere que todos los hombres se salven.
Cuando Jesús nos dice que hay habitaciones para todos, nos está advirtiendo que necesitamos seguir el camino, no abandonarlo. Jesús es el Camino, el único camino para alcanzar nuestro destino, que es la habitación para alcanzar su Reino.
Para llegar tenemos que vivir las enseñanzas de Jesús, cumplir sus mandamientos, abrazar su cruz en la obediencia, en el sacrificio, en el servicio, en el amor y la caridad, es decir, viviendo como Él vivió, en obediencia al Padre, sumamente sensible a las necesidades de los demás.
Él vino a darnos a conocer la verdad plena, que Dios es Padre y es amor, infinita misericordia. No hay otra explicación de los que es Dios.
La plenitud de la vida solo nos la puede dar Él, y nos la ofrece en su Hijo Jesucristo, y nos la sigue compartiendo en su Iglesia y en los Sacramentos.
Cuando Felipe le pide a Jesús: “Muéstranos al Padre”, responde que Él es la visión del Padre, su rostro, su revelación plena. Aquí esta trazado el objetivo y la meta de la vida cristiana.
¿En dónde encontramos a Cristo? En la comunidad que es la Iglesia, santa por su fundador, pero que tiene defectos por sus integrantes, y que se va formando atendiendo las necesidades que se van presentando.
Así es la Iglesia, con problemas, pero que debe resolverlos con espíritu de amor, de entendimiento, de fraternidad y de servicio. Así se fue haciendo y así está llamada a vivir la comunidad eclesial.
Cada uno de nosotros se debe preguntar el papel que juega en la Iglesia, si es causa de dificultad o factor de solución, en la Parroquia y/o en el grupo en el que participan.

