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LA PALABRA DEL PASTOR: Se va, pero nos deja bien encargados

por Gabriela Ceja Ramirez
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HERMANAS Y HERMANOS EN EL SEÑOR:

Nos encaminamos, con toda la Iglesia, a culminar la gran celebración de la Pascua de resurrección de Jesucristo.

Le pedimos a Dios que nos conceda seguir celebrando con mucho amor el triunfo de la resurrección, y que se manifieste en nuestras obras.

Lo que creemos y celebramos en la fe no se puede quedar en el interior de nuestro ser, sino que se tienen que manifestar en nuestra manera de ser, de vivir, de relacionarnos unos con otros.

La vida nueva que Jesús nos ha dado se tiene que manifestar en nuestro comportamiento.

El Señor, antes de partir al Cielo, en esta fiesta de la Ascensión, nos hace una promesa, es un testamento que nos presenta al regresar a la derecha del Padre.

Primero, nos hace una invitación al amor: “Si me aman, cumplirán los mandamientos”. En esto se manifiesta el verdadero amor a Jesucristo, en que cumplimos sus mandamientos, y luego señala que “el Padre enviará al Paráclito (Espíritu Santo), y que es el Espíritu de verdad”, porque Él no nos dejará desamparados.

Estas son palabras vivas, dichas y válidas para nosotros, hoy. Cristo se va de este mundo como lo conocieron sus Apóstoles, pero prometiéndonos la presencia del Espíritu Santo que Él nos mereció con su muerte y su resurrección. Esto garantiza su presencia entre nosotros.

La prueba está en cada Eucaristía, en la que tenemos la certeza de que el Espíritu Santo está en medio de nosotros, y nosotros, por la fe, estamos en Él, y al estar en Él estamos en el corazón amoroso y misericordioso del Padre, y estando en Él tenemos garantizada la presencia permanente de Dios.

Nuestra fe es algo vivo y actual, en las circunstancias que vivimos, en las dificultades que tenemos, en las dudas que nos hacen vacilar, en las penas, en los trabajos y en las alegrías.

Tenemos la certeza de la presencia amorosa, viva y misericordiosa de Jesús por medio de su Espíritu.

Los Apóstoles transmitían esa presencia real y verdadera de Dios Espíritu Santo a los bautizados, como lo relata el libro de los Hechos de los Apóstoles.

Esta presencia de Jesucristo se cumple el día de nuestra Confirmación, con esa gran experiencia del Espíritu Santo que desciende sobre nosotros y nos mantiene en relación de fe con Jesús, y con Dios Padre.

Ha terminado la presencia física del Señor en este mundo, tiene que volver al seno del Padre, de donde vino, pero no nos abandona, nos garantiza su presencia en la comunidad de su Iglesia, en el anuncio y meditación de su Palabra y en la celebración de los signos (Sacramentos) que nos participan su misma vida.

Todo lo que hace la Iglesia no lo hace por sí misma, sino por la fuerza y gracia de Dios Espíritu Santo.

Recordemos que “el que acepta mis mandamientos y los cumple, ese me ama”. La presencia de Jesús en nuestra vida y la vida de la Iglesia es por amor, y solo en el amor a Él y a nuestros hermanos, podemos tener la certeza y la garantía de que Cristo permanece vivo entre nosotros, y unidos a Él permanecemos en el amor de Dios Padre.

YO LES BENDIGO EN EL NOMBRE DEL PADRE, Y DEL HIJO Y DEL ESPÍRITU SANTO.

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